lunes, 7 de marzo de 2011

Una experiencia eucarística

Hace una semana fui a misa a una Iglesia distinta de la que suelo ir y viví la Eucaristía de una manera diferente.

Al entrar me llamó la atención que, aunque estaba llena, eran casi todos personas de avanzada edad excepto unos cuantos niños que estaban en la primera fila. Pero esto no es raro de encontrar en muchas iglesias hoy en día. Todo el mundo tenía una actitud seria manteniendo la compostura en todo momento antes de empezar la misa, lo que unido a la amplitud de la iglesia hacía que se respirara un aire de frialdad en el ambiente.

Cuando empezó la misa la gente empezó a cantar el canto de entrada de una hojilla con canciones muy antiguas, aunque lo peor no es que fueran antiguas sino la forma en la que eran cantadas, con una cadencia lenta y pesada, que hacía que parecieran más antiguas todavía.

El resto de la misa no estuvo mal, el sacerdote fue sencillo y cercano en la homilía aunque el Credo recitado por todos como un papagayo contribuía a la sensación de que estuviéramos allí para cumplir una obligación. Lo mejor eran los monaguillos, un niño y una niña, que ayudaban en la misa por primera vez, y que se les veía en la carita la inocencia y la ilusión por lo que estaban haciendo.

Respecto a los cantos y al ambiente, tal vez alguien pueda pensar que en una Eucaristía las canciones o la gente son lo de menos y puede que tengan razón. Pero no cabe duda de que te pueden influir y hacer que te sientas más o menos cómodo. Alguna persona mayor podría pensar: "En mis tiempos no había coros parroquiales y yo iba a misa todos los domingos cuando era joven". La Eucaristía es un encuentro con Dios pero también es un encuentro en comunidad y si no hay fraternidad entre la gente es una comunidad muerta. Es como visitar a un amigo y hacerlo en un ambiente en el que no estamos cómodos. No lo vives con la misma intensidad. Prefieres ir a verlo cuando esté solo, como hace mucha gente que vive su fe aisladamente, aunque lo ideal sería ir a verlo rodeado de gente en un ambiente en el que te sientas más cómodo, y sobre todo no ir a verlo porque te han obligado, porque entonces irás de mala gana.

No sé qué sentiría un joven al acudir allí a misa. Yo sólo cuento mi experiencia, pero la verdad es que no es atrayente para los jóvenes en absoluto empezando por el horario (las 11.00 de la mañana). No es culpa de nadie, simplemente la mayoría de los que van a misa son ancianos y adaptan la misa a su forma de ser. Sólo los jóvenes podrían cambiarlo, pero si alguno ha ido se puede haber sentido fuera de lugar. Es un círculo vicioso, que por desgracia se repite en muchas de iglesias. Pero, ¿qué pasará cuando vayan desapareciendo esas generaciones de personas mayores que tenían esa tradición de ir a la misa dominical?



sábado, 19 de febrero de 2011

"Hermano mayor"

Ha empezado una nueva temporada de "Hermano Mayor" en Cuatro; un programa que sucede a la Supernanny y que trata también de modificar la conducta de la gente con la ayuda de un agente externo: el conductor del programa, un campeón de natación que tuvo problemas con las drogas en su adolescencia y que superó más tarde. Él trata de ayudar a jóvenes con problemas de conducta y lo consigue en un 70% de los casos.
En dos de los programas que ya se han emitido aparecieron dos jóvenes muy agresivos que maltratan a sus padres física y psicológicamente. Es estremecedor el testimonio de los padres desesperados que acuden al programa porque ya no saben que hacer con sus hijos y por otro lado el ensañamiento con que sus hijos les insultan e incluso les pegan delante de las cámaras. El “Hermano mayor” empieza su tarea poniéndoles unos límites que no pueden sobrepasar si no quieren tener una consecuencia negativa, luego les hace vivir experiencias que les hagan meterse en la piel de sus padres, les pone en contacto con una psicóloga, que les aconseja qué deben hacer para cambiar de actitud, luego les cuenta su propia experiencia como joven conflictivo y finalmente les toca la fibra sensible haciéndoles recordar cómo era su relación con su madre/padre antes de tener enfrentamientos con él. Es increíble cómo al final consigue que se abracen a sus padres llorando con el propósito de cambiar su actitud.
Está claro que hay algo que está fallando con estos jóvenes. Lo peor es que no se trata de casos aislados y que cada vez hay más agresividad en este colectivo por no hablar de los casos extremos de asesinato como en el caso de Marta del Castillo en el que los presuntos asesinos aparecen ante las cámaras casi como ídolos para algunos jóvenes sin mostrar el más mínimo remordimiento por lo que han hecho.
La violencia nunca está justificada y debe tener un castigo, pero sería más productivo evitar llegar a estos extremos y analizar el motivo de su agresividad. En muchos casos de violencia hay un factor común que es la falta de límites por parte de sus padres. Otras veces es la incapacidad de hacer frente a la frustración motivada muchas veces por la actitud de unos padres protectores que le han dado a sus hijos todo lo que han querido incluso antes de ellos lo pidan. En el programa aparecía un chaval que había caído en las drogas a raíz de que su novia lo abandonara por otro. Decía que mientras estaba “colocado” se sentía bien y luego volvía a sentirse deprimido y amargado, por eso necesitaba volver a drogarse. Había otra chica que sufrió malos tratos de pequeña, incluso tenía quemaduras provocadas por su padre y que fue adoptada por una familia con la que también estaba teniendo problemas. Además en la adolescencia cambió de sexo y su madre adoptiva no la aceptaba, y cuando empezó a ser agresiva llegó a decirle que se arrepentía de haberla adoptado. Su padre siempre estaba ausente. Ella calmaba su frustración teniendo relaciones sexuales con otras chicas de forma compulsiva.
Cuando uno ve el programa le parece increíble cómo puede haber tanta agresividad y odio hacia sus propios padres. Pero conforme avanza el programa se van viendo las razones de su agresividad. En el fondo hay un profundo dolor que no saben afrontar y cuando llegan a su casa esperan que sus padres les escuchen, les comprendan, les apoyen y les orienten sobre cómo afrontar los problemas en la vida. Cuando ven que sus padres no sólo no les escuchan sino que les quieren quitar su modo de evasión, aumenta la rabia que sienten hacia sus padres y hacia sí mismos porque no están orgullosos de lo que hacen. Es verdad que los jóvenes no suelen hablar de sus cosas, por eso es importante crear un clima de confianza desde que son pequeños.
Es una pena que haya tantos jóvenes como éstos que no tengan algo a lo que agarrarse a la vida para poder superar las dificultades, sobre todo en estos tiempos en los que los padres trabajan los dos y notan esta ausencia de cariño y además hay pocas expectativas laborales y van perdiendo la esperanza en el futuro. Ojalá buscaran a Dios dentro de su corazón para poder encontrar la fuerza que necesitan y los recursos que aún no tienen por su falta de experiencia para sentirse seguros de sí mismos y sentir el optimismo y la esperanza necesarios para hacer frente a los problemas.

domingo, 13 de febrero de 2011

La Misión

El domingo vi en la televisión la película de la Misión y había dos o tres escenas que me hicieron reflexionar. En la película el padre Gabriel funda la misión de San Carlos en la que da refugio a los indígenas evitando que sean presa de los mercaderes de esclavos y los evangeliza pacíficamente. Más adelante se le une Rodrigo Mendoza, tratante de esclavos que acaba convirtiéndose en jesuita y ayudándole en la misión. Pero esta misión choca con los intereses de los mercaderes de esclavos que intentan boicotearla recurriendo a las autoridades eclesiásticas para que los eche de allí. Finalmente acude allí un alto cargo eclesiástico y les pide que abandonen la misión con la excusa de que ha llegado a sus oídos que los jesuitas allí tienen demasiado poder. Los portugueses que estaban colonizando a ese poblado de indígenas presionan al representante de la Iglesia para que obligue a los jesuitas a dejar de darle protección a los indígenas. Éste, tras una dura decisión porque sabía que la misión era una buena obra, acaba sucumbiendo a las presiones de los portugueses porque no podía romper los intereses institucionales que tenía con ellos.
Hay una escena en la que le dice a los indígenas que deben marcharse porque se lo ha dicho el Espíritu Santo y el jefe de los indígenas le pregunta que cómo lo sabe. Finalmente le dice a los jesuitas que si no abandonan la misión quedan excomulgados y ellos deciden quedarse con los indígenas.
En otra escena Rodrigo de Mendoza le pide al padre Gabriel que desea revocar su voto de obediencia y decide luchar contra los portugueses para defender los intereses de los indígenas. El padre Gabriel le dice que él no luchará porque no es coherente con la doctrina que le han enseñado a los indígenas de que Dios es amor.
Al final los dos mueren defendiendo a los indígenas, uno pacíficamente y el otro luchando.
Sería interesante ver cómo reaccionaríamos nosotros si nos viéramos en esta situación. Cuando algún miembro de la autoridad eclesiástica dicta una orden sin ninguna razón y de forma incomprensible uno se pregunta como el jefe de los indígenas: ¿cómo sabes que tu decisión la dicta el Espíritu Santo?
La actitud de Rodrigo de Mendoza cuando decide luchar contra los portugueses tal vez no sea la más correcta, pero al fin y al cabo luchó hasta el final por defender la misión que Dios les había encomendado. Pero lo que sí es cierto es que los dos estaban excomulgados cuando llevaron a cabo su lucha contra los portugueses y lo hicieron por libre a pesar suya. Al final el representante eclesiástico se arrepiente de lo que hizo, pero te queda un mal sabor de boca después de la matanza que se llevó a cabo y de que la historia acabe mal.
Muchas veces en la vida real pasan historias parecidas y sientes inevitablemente desconfianza hacia esa autoridad mal entendida de la Iglesia que te hace cuestionarte hasta tu fe o al menos a recibir los sacramentos de manos de los sacerdotes.
En mi último artículo yo decía que debemos fijarnos más en lo que nos acerca a "la Iglesia" que en lo que nos separa de ella y que deberíamos trabajar por cambiar las cosas teniendo como eje de nuestra vida a Cristo. La cuestión es si hacerlo por libre como el padre Gabriel y Rodrigo o perteneciendo a la Iglesia Institución. Muchas veces sentimos desconfianza hacia esa institución y dolor como en la película, en la que la Institución eclesiástica no dio la cara por ellos ante los portugueses y a la que ellos a su vez no pudieron defender frente al mundo porque no estaban de acuerdo con sus decisiones. Pero lo que sí es verdad es que, como en la película, todos tenemos una misión y hay mucha gente necesitada. Si los jesuitas se hubieran apartado de la Iglesia y hubieran abandonado la misión los indígenas hubieran muerto sintiéndose desamparados, pero murieron con la esperanza en Cristo al que el padre Gabriel llevaba en una Custodia formando una procesión en el momento de morir. Así que luchemos como los protagonistas de la película por llevar la esperanza que Jesucristo nos dejó a nosotros como seguidores suyos y miembros de la Iglesia.

viernes, 28 de enero de 2011

Nos fijamos más en lo que nos separa que en lo que nos une

El otro día en misa el sacerdote, citando a Juan XXIII, decía estas palabras: "Nos fijamos más en lo que nos separa que en lo que nos une", en relación a la Oración comunitaria por la unidad que se celebró el pasado martes allí en la Parroquia de San Lorenzo. Habló de la unidad entre las distintas religiones y las divisiones y enfrentamientos entre los cristianos.
Sería bonito que todas las religiones acercaran posturas y se unieran, pero en realidad todas creen en Dios y si se respetan, van en la misma dirección: "El que no va contra mí está conmigo". Lo que es peor es que haya divisiones entre los mismos cristianos. Muchas veces es verdad que nos fijamos más en lo que nos separa, ya sea en las comunidades cristianas como en las cofradías, donde unos quieren sobresalir sobre los otros y nos mueve el orgullo y el ansia de poder más que el amor a Cristo. Otras veces, los cristianos que dicen no creer en "la Iglesia" también se fijan más en lo que les separa de "la Iglesia" que en lo que les une a ella. Yo también desde este Blog reconozco que me he fijado más en las ideas y actitudes de la Jerarquía con las que no estoy de acuerdo, que en las creencias que también comparto. Y aunque lo he hecho con la intención de mejorar las cosas, es verdad que se consigue más cuando todo el mundo rema en la misma dirección que si nos ponemos a discutir en qué dirección se debe remar.
Así que, aunque tengamos diferencias con algunas normas o actitudes de la Jerarquía, o bien con otros miembros de nuestra comunidad parroquial o cofradía, lo que está claro es que todos los que se consideran cristianos deben tener como centro de su vida a Cristo. No debemos perder el tiempo en discusiones inútiles cuando hay tanto por hacer. Tenemos que luchar para que su mensaje se extienda por el mundo y su muerte así no haya sido en vano.

lunes, 17 de enero de 2011

Combate la crisis con optimismo

Muchas veces caemos en la tentación de dejarnos llevar por el pesimismo porque hay cosas que nos preocupan o nos agobian, sobre todo en estos momentos en los que la economía de todo el mundo se resiente más o menos. Pensamos que nuestra realidad de cada día no nos gusta y nos negamos a vivirla con optimismo. Nos dejamos llevar por la rutina y tratamos de evadirnos de ella en cuanto podemos, pero esto no nos hace realmente felices. Tras evadirnos volvemos a sentirnos amargados. Sin embargo, deberíamos confiar en que Dios está con nosotros. Pero esto no es fácil cuando ves que todo está cambiando a peor en el plano económico. Por eso debemos mirar a nuestro alrededor y ver que hay gente mucho peor que nosotros y que aunque todos, o casi todos, estemos peor que antes no deberíamos quejarnos tanto, más bien deberíamos dar gracias a Dios por tener para comer cada día, que no es poco. Y seguro que nos sentimos mejor y más positivos y eso nos da fuerzas para seguir adelante con más optimismo.

Criticar no es ir en contra

Al leer algunos blogs me doy cuenta de que aunque se diga que la Iglesia está en crisis y los templos están cada vez más vacíos, hay cada vez más gente con necesidad de Dios, unos lo manifiestan claramente y otros no, pero están en contra de la Jerarquía eclesiástica.
Todos los días leo algunos versículos de la Biblia. Y es curioso uno que he leído hoy Jn 11, 47-50, en el que los jefes de los sacerdotes deciden que tienen que quitar a Jesús del medio porque si no, ellos perderían su poder y sus templos. Me llama la atención porque después de tantos años todavía hay actitudes en la Iglesia que se parecen a estos maestros de la ley y sacerdotes de la época de Jesús. Algunos miembros de la Jerarquía no quieren perder el poder que han tenido durante tantos años y no ven a los laicos como hermanos sino como hijos que deben acatar unas normas. Sin embargo, Jesús les decía a los discípulos que no dejaran que les llamaran maestro, padre o preceptor, porque el mayor de todos es el que más tiene que servir a los demás (Mt. 23)
Con esto no pretendo acrecentar aún más el odio de tanta gente hacía la Iglesia, sino denunciar la necesidad de mucha gente, que vive su fe en soledad, de pertenecer a la Iglesia humana de Jesucristo, del Evangelio, no de las normas y los decretos y de actitudes prepotentes que alejan a la gente de las iglesias.
Tampoco me parece correcta la postura de mucha gente que critica a la Jerarquía de la Iglesia y se queda al margen. Jesús no estaba de acuerdo con muchas actitudes de la religión de su época, pero no vino a cambiarlo todo. Lo primero que hizo fue ser judío y defender la ley de Moisés. Sólo rechazaba la forma de aplicar esta ley por parte de los fariseos y los maestros de la ley. También criticaba Jesús a los fariseos, gente fanática en su forma de entender la religión y que hoy en día pueden tener ciertas similitudes con algunos sectores ultraconservadores de los laicos católicos que se indignan cuando alguien hace cualquier comentario en contra de alguna norma de la Iglesia. Algunos ateos dicen en los blogs que los católicos somos gente "abducida" y algunos realmente lo parecen cuando se escandalizan con las críticas sin ni siquiera analizar si es verdad o no.
En una revista hace unos días aparecía un artículo de la periodista Ángeles Caso, en el que defendía que las mujeres pudieran ejercer el sacerdocio y en las siguientes publicaciones de la revista aparecieron un aluvión de cartas de católicos muy ofendidos que la tachaban de atea y le decían que se metiera con los musulmanes y dejara tranquilos a los católicos que estábamos muy bien así.
El otro día fui a ver el Cádiz en el estadio en un partido aburridísimo. Hubo gente que se enfadaba con los jugadores insultándolos y pitándoles y había otros a los que no les parecía bien que estos aficionados no defendieran a su equipo. En realidad es una situación parecida, unos son aficionados fanáticos y los que les critican por jugar mal quieren a su equipo igual o más que los otros pero saben reconocer cuando lo hacen mal y hacen algo para que reaccionen y cambien su forma de jugar.
A toda esa gente que está en contra de la Jerarquía de la Iglesia y que lee mi blog les digo que si creen en Jesús y en su mensaje, lo busquen en la Eucaristía y en la Palabra de Dios leída en comunidad, que aunque el verdadero templo está en nuestro corazón, cuando dos o más se reúnen en su nombre ahí se hace más presente. Y que hagan como Él e intenten cambiar lo que no les gusta de la Iglesia desde dentro como hizo Jesús con la religión judía. Es cierto que uno solo no puede cambiar el mundo pero seguro que en alguna parroquia hay gente dispuesta a luchar para que vayan cambiando las cosas. Por eso también les digo a los sacerdotes y miembros de la Jerarquía eclesial que si hay alguien que intente cambiar las cosas no hagan como los sacerdotes que pretendían crucificar a Jesús para evitarse problemas con los romanos y no utilicen su autoridad para echarlos de las iglesias.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

La violencia de género en la familia tradicional

Recientemente hemos oído que el obispo de Alcalá de Henares, en nombre de la Conferencia Episcopal ha declarado que la mayoría de los casos de violencia de género se da en las parejas en proceso de separación o divorcio. Estas declaraciones han desatado las críticas de varios sectores políticos que no ven ninguna relación entre la violencia doméstica y un matrimonio canónicamente establecido. Dichas así las palabras del obispo parece que incitan a soportar todo tipo de vejaciones para evitar que tu pareja te maltrate.
Este tema es muy delicado y hay que tener mucho cuidado cómo se dicen las cosas y también cómo se interpretan.
Su intención es hacer una defensa de la familia tradicional como modelo de familia ideal para la sociedad frente a las "parejas de hecho o personas que viven de forma inestable", y en la que hay menos violencia al haber más estabilidad.
Por otro lado el obispo también declaraba la importancia para los niños y para la sociedad en general de tener un padre y una madre que le aporten seguridad para afrontar la vida, que muchas veces no tienen con el alto número de divorcios.
Está claro que en las rupturas matrimoniales quienes más pierden son los niños y que los padres muchas veces no los tienen en cuenta a la hora de tomar esta decisión. Pero una vez que el matrimonio está roto y ninguno de los padres piensa poner de su parte para arreglarlo no tiene sentido mantenerlo por los hijos o por evitar que tu pareja te maltrate.
Yo creo que la familia constituida por dos personas que se quieren son la base para educar a los niños de hoy que serán los hombres del futuro en la sociedad pero no a cualquier precio, porque tan perjudicial es para un niño ver a sus padres discutiendo todo el día que verlos divorciados o ver cómo su padre maltrata a su madre o incluso a él.
Nuestras madres, que vivieron en una época en la que el divorcio no era tan usual como ahora, suelen decir a sus hijos: "Es que los jóvenes de hoy en día no aguantáis nada". Antes las mujeres no sabían que tenían tantos derechos como el hombre y soportaban muchas humillaciones que hoy nos parecen inaceptables. Hoy en día nos hemos vuelto más egoístas y cuando unimos nuestra vida a la de otra persona no estamos dispuestos a renunciar a nada, ni siquiera a la infidelidad, en favor de la familia, sencillamente porque sólo tenemos conciencia de nuestra realización personal, no tenemos el objetivo de crear algo común donde todos nos sintamos a gusto y busquemos lo mejor para todos.
La Iglesia puede aportar mucho promoviendo valores dentro de la familia que nos hagan más generosos, comprensivos, tolerantes y pacientes para evitar que esta se rompa y haya tantos divorcios. También creo que en el caso de que se rompa debería tender una mano, como haría Jesús, a la persona víctima de maltrato doméstico, aunque no esté casada por la Iglesia o ni siquiera tenga pareja estable, o a la persona que se siente sola o deprimida porque se acaba de divorciar o a los niños o jóvenes que sufren estas situaciones familiares difíciles y sobre todo, educarles para que no se conviertan en futuros maltratadores o víctimas de fracasos matrimoniales.

jueves, 23 de diciembre de 2010

EL SENTIDO DE LA NAVIDAD

En Navidad celebramos que Dios se hizo hombre, y que, como habían anunciado los profetas, se llamaría Enmanuel, que significa Dios con nosotros.
Ya Dios no es un Dios lejano, sino que se pone a nuestra altura y se acerca a nuestra condición de seres frágiles y débiles. Ya no estamos solos. Con el nacimiento de Jesús Dios está con nosotros, en las enseñanzas que Él nos dejó en su paso por este mundo, en los que siguen sus pasos hoy y más cerca de lo que pensamos, en la gente que nos rodea cada día.
Jesús nace para todos: los que creen en Él y le siguen, los que sólo creen en Él, y hasta para los ateos, porque todos lo necesitamos aunque no lo sepamos. Él es la plenitud y la felicidad que todos buscamos aunque no siempre las busquemos en el lugar apropiado.
Esto es la Buena Noticia que celebramos estos días pero que pueden llenar de felicidad nuestras vidas todos los días del año sólo con ser conscientes de que Dios está con nosotros en la figura de Jesús.
Muchas felicidades a todos y gracias por ser seguidores de mi Blog.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

La Iglesia, los jóvenes y Jesucristo

El lunes pasado leí una carta al director en el Diario de Cádiz en la que hablaba sobre un reciente estudio sociológico que la Fundación SM había hecho sobre la juventud en España. En este estudio la Iglesia aparece como la institución peor valorada por los jóvenes por los siguientes motivos:
-"Es demasiado rica"
-"Se mete demasiado en política"
-"Tiene una postura anticuada sobre la vida sexual de la gente
-"Se mete demasiado en la vida de la gente diciéndole como tiene que vivir su vida"
-"Dificulta con sus directrices disfrutar de la vida"
Además aunque la mitad de estos jóvenes se consideran católicos, dicen que la religión no tiene una gran influencia en sus vidas. "El 62% no entra nunca en una iglesia y el 7% cumple con el precepto de ir a misa".
Según estos datos cada uno saca sus conclusiones particulares. Pero está claro que cada vez hay menos jóvenes en las iglesias y, por lo tanto, en algunos años, menos gente en general.
Es cierto que vivimos en la sociedad del "todo vale" y que la educación en valores es cada vez menor en la familia y en los colegios, y esto contrasta con la estricta moral de la Iglesia. Pero también es verdad que los jóvenes tienen parte de razón en sus afirmaciones.
La Iglesia tiene muchos bienes como patrimonio. Se puede decir que es rica. A veces se mete en política aconsejando no votar a los partidos que permiten el aborto, el matrimonio homosexual o la manipulación genética. Tiene una postura anticuada ante la sexualidad, cuya única finalidad que aceptan es procrear, por lo que no permiten el uso del preservativo. Con todas estas posturas excluyentes da la impresión de que se meten en la vida de la gente sólo para no dejarles disfrutar de la vida.
La Iglesia-institución está formada por hombres, la mayoría de edad avanzada, que muchas veces se encuentran con una sociedad que va cambiando muy deprisa y no saben cómo actuar para recuperar los valores que se van perdiendo . Pero si comparamos las directrices de la actual Iglesia católica con la figura de Jesucristo, quizá veamos que ésta última es mucho más atractiva para los jóvenes. Jesucristo era un hombre humilde y sencillo sin posesiones materiales. Nunca se le escuchó hablar de lo que hacían los gobernantes de su época. Él sólo predicaba su mensaje de amor a los demás. Él supo adaptar la ley de Moisés a los nuevos tiempos. Cambió todas las leyes inamovibles por dos mandamientos: amar a Dios y al prójimo como a uno mismo. Sus leyes no fueron excluyentes. En su Reino había sitio para todo el mundo: los samaritanos, los pecadores, las prostitutas, los recaudadores de impuestos,etc.
En la sociedad se han producido muchos cambios en poco tiempo: la legalización del aborto y el matrimonio homosexual, la eutanasia, el divorcio, el uso del preservativo, el descubrimiento de nuevos avances en la genética. Y esto ha producido una pérdida de valores. Pero estos valores no se van a recuperar prohibiendo las cosas, sino utilizando el mandamiento que Jesús nos dejó. Por eso, entonces y hoy en día, como le dijo a quienes le preguntaron, Él nos dice: "¿Qué harías tú si un hermano tuyo estuviera enfermo? ¿Le dejarías morir o lo curarías aunque fuera sábado? Pues la ley está hecha para el hombre, no el hombre para la ley."
Los dirigentes de la Iglesia actual son los sucesores de los primeros discípulos que Jesucristo escogió para difundir al mundo su Buena Noticia y deben mirar a Jesucristo a la hora de dictar las normas por las que se debería regir este mundo en el que los jóvenes son muy importantes porque son el futuro, en este caso, de la Iglesia.
El año que viene se va a celebrar en España la Jornada Mundial de la Juventud. Esperemos que escuchen a los jóvenes. Seguro que tienen mucho que decir.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Cambiar de actitud para ser feliz

Últimamente he empezado a ver los capítulos de "Supernanny" en Cuatro, y la verdad es que me ha sorprendido mucho ver cómo se puede modificar la conducta de un niño con sólo cambiar un poco la actitud de los padres hacia ellos.
Básicamente lo que los padres tienen que cambiar es no "etiquetar" a sus hijos, decirles lo que quieren de ellos, premiarles cuando hacen algo bien y prestarles atención y cariño.
Es curioso ver cómo unos niños que son auténticos demonios se convierten en dulces angelitos utilizando estas estrategias de la Supernanny, y uno no sabe ya si el malo era el niño o sus padres que no sabían hacerlo bien.
El problema de estos niños comienza cuando sus padres empiezan a desatenderlos afectivamente. Entonces ellos sienten la necesidad de llamar su atención. Como son niños, no saben expresar la tristeza o el enfado que les produce que sus padres no les hagan caso. Estos a su vez, sólo se dirigen a ellos para reñirles cuando hacen algo mal, y aunque a los niños no les gusta que les riñan, se dan cuenta de que este es el único momento en el que los padres le prestan atención, así que siguen portándose mal inconscientemente para llamar la atención. Entonces sus padres se cansan y le ponen una etiqueta: ¿por qué eres tan "malo"?, le dicen. El niño asimila el mensaje de que es malo y se comporta como tal.
Cuando los padres modifican su conducta y le reconocen que hace cosas buenas, le están quitando esa etiqueta y le demuestran que él es capaz de comportarse de otra forma. Cuando le felicitan por hacer bien las cosas consigue llamar la atención de sus padres, que es lo que él quería y empieza a portarse bien porque ya no necesita portarse mal para que le den atención y cariño.
La vida de estas personas que antes estaban desesperadas, cambia radicalmente y empiezan a ser felices cuando cambian la forma de tratar a su hijo.
Este tipo de actitudes equivocadas las utilizamos con los niños pero también con los adultos que nos rodean: pareja, padres, amigos, etc. Nosotros, por un lado, dejamos de prestar atención a los demás por necesidad o por egoísmo. Y los demás, por otro, tienen muchas veces una actitud infantil, y en vez de expresar lo que sienten, empiezan a tratarnos de manera hostil. Nosotros, como los padres de la Supernanny, como no sabemos lo que les pasa, le ponemos una etiqueta: eres un amargado, o todo lo haces mal, por ejemplo. Y la otra persona entra en un círculo que a veces termina en la ruptura de la pareja si no le ponen remedio. "Como soy un amargado pues tengo que actuar como tal," y está siempre a la defensiva.
Y ni esta persona es un amargado ni lo hace todo mal, ni la otra vive para amargarle la vida a él.
Sólo basta con hablar, expresando claramente lo que queremos del otro, esforzarnos por reconocer las cosas buenas que hacen los demás y prestarles más atención y darle cariño.
Muchas veces en las familias se viven situaciones difíciles y en vez de ponerles remedio tratamos de evadirnos, pero eso no soluciona el problema. Seríamos más felices si estuviéramos dispuestos a cambiar nuestra actitud como hacen los padres que van al programa de la Supernanny, que aunque han tenido una actitud equivocada tienen voluntad de que cambiar lo que haga falta para ser felices en su familia.