lunes, 19 de marzo de 2012

El sacerdote en el mundo de hoy

Hoy, 19 de marzo, la Iglesia celebra el día del Seminario en la Diócesis de Cádiz y Ceuta. Llama la atención cómo se mantiene e incluso aumenta el número de hombres que son ordenados sacerdotes, teniendo en cuenta que vivimos en un mundo en el que tienen mucha importancia el dinero, el sexo o el rechazo a obedecer normas, y, sin embargo, los sacerdotes renuncian a ellos al hacer sus votos de castidad, pobreza y obediencia.

Estoy segura de que el tener un trabajo fijo no ha sido una motivación para haber elegido esta opción (y espero que nunca lo sea), sino el profundo amor a Dios que deben sentir y, que tomando el ejemplo de Jesús, quieran extender el Evangelio por el mundo.

En Semana Santa recordamos cómo Jesús, sabiendo el sufrimiento que le esperaba, amó a Dios sobre todas las cosas, por encima de la tentación de llevar una vida cómoda o incluso por encima del miedo al dolor y a la muerte, siguiendo así los planes de Dios y en beneficio de todos los hombres, convirtiéndose en el camino que todos tenemos que seguir.

Igual que Él, el sacerdote es el pastor que camina junto con sus ovejas por ese camino marcado por Jesucristo, y como Él, entregan su vida, no como la podamos entregar cualquiera de nosotros en algún momento o en algún aspecto de nuestra vida, sino de una forma total, absoluta y confiada a pesar de no tener una recompensa asegurada.

Los sacerdotes, a veces cometen errores y es posible que en ocasiones sean los causantes de que haya personas que se aparten de la Iglesia, pero también guían a las ovejas por el buen camino cuando nos hablan de cómo ellos han experimentado el amor de Dios, que les lleva luego a sentir a los demás como hermanos, y de cómo ese amor nos lleva a ser positivos. También cuando nos invitan a acercarnos con fe a la Eucaristía y a leer la Biblia para darnos fuerza y mantenernos firmes ante las dificultades y nos hablan de cuáles deben ser las prioridades en la vida para ser plenamente felices y además son coherentes en su vida personal dándole autoridad y validez a sus palabras.

Este año, que es el Año de la Fe y de la Nueva Evangelización nos invitan, como le dijo Jesús a Nicodemo, a nacer de nuevo o nacer del Espíritu, olvidándonos de todo lo que hemos visto y aprendido y a descubrir a Jesús con nuestros propios ojos, desde nuestra propia experiencia, y como los sacerdotes, dejarnos llevar a donde Él quiera aceptando su voluntad y poniéndonos a su disposición, que al fin y al cabo es lo que hicieron los seguidores de Jesús cuando Él murió, y recibieron el Espíritu Santo. Así que esperemos que haya más vocaciones sacerdotales para que nunca falten buenos sacerdotes en este mundo que tanto los necesita.

sábado, 10 de marzo de 2012

El sacramento de la reconciliación

Ahora que estamos inmersos en la Cuaresma parece que los creyentes con más o menos fe, los cofrades o, incluso los que no son creyentes pero que lo están pasando mal ahora, hacemos un pequeño parón en nuestras vidas y nos volvemos hacia el fenómeno religioso presente en las cofradías que sacan a sus pasos a la calle y en las Iglesias que nos invitan a una renovación espiritual profunda.
Muchos sacerdotes ven con tristeza cómo se ha ido perdiendo el sacramento de la penitencia en esta sociedad del "todo vale". Se ha pasado de la obligación de cumplir este sacramento por miedo a un Dios castigador, a una sociedad sin conciencia que sólo busca satisfacer al propio yo, que no sólo no se confiesa, sino que ha perdido muchos valores como la educación, el respeto o la capacidad de ponerse en el lugar del otro. El resultado es que hay mucha gente que vive amargada pensando en lo que el otro le hace sufrir, alimentándose de su propio rencor, que no le deja ser feliz.
La imagen del confesionario, el pecado, el sentimiento de culpabilidad y el miedo al infierno suenan a una Iglesia caduca y desfasada, pero la esencia de este sacramento es algo muy necesario para poder ser feliz en la vida y muy saludable incluso desde el punto de vista psicológico, además del espiritual.
Todos tenemos muchos lastres en la vida que no nos dejan ser feliz. Pero nos acostumbramos a vivir con ellos mientras nos van amargando por dentro, porque en realidad no sabemos cómo deshacernos de ellos, ni siquiera sabemos que nos podemos librar de ellos. Sólo los tapamos con cosas superficiales que nos ayuden a soportarlos.
Es una tontería pensar en el sacramento de la penitencia o en la eucaristía como una obligación; es más bien una oportunidad que la Iglesia puede ofrecer a la sociedad para ser más feliz.
Ahora que en la Cuaresma y después en la Semana Santa todos nos volvemos un poco más hacia Dios, podemos recordar las palabras de Jesucristo: "Amad a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo". Todo su sufrimiento para algo tan sencillo, pero tan complejo a la vez. Todos los creyentes amamos a Dios, pero no sobre todas las cosas, hay muchas cosas que nos alejan de Él. Cada vez que nos sentimos mal por dentro, nos estamos alejando de Dios, cuando
Él nos pone a prueba en situaciones difíciles y no confiamos en Él, no le estamos amando sobre todas las cosas y cuando no nos ponemos en el lugar del otro, no estamos amando a nuestra familia o amigos como a nosotros mismos.
Es posible que esta renovación interior se pueda llevar a cabo al margen de la Iglesia, incluso sin ser creyente, pero sentir que Dios nos ama, nos perdona y que somos seres muy valiosos creados por Él, es un buen motivo para acercarnos con fe este sacramento de la reconciliación, pedirle perdón, estar en paz con nosotros mismos y con los demás, renovarnos por dentro y ser plenamente felices.
Mucha gente que se confiesa siente una gran paz interior porque sabe que el sacerdote, aunque es un hombre como tú o como yo, en ese momento tiene el poder para perdonar los pecados porque lo hace en nombre de Dios. Hay quien piensa que los cristianos practicantes nos creemos más buenos que el resto, pero en realidad puede que nos sintamos más necesitados de Dios y sólo estemos buscando en el lugar adecuado.

viernes, 3 de febrero de 2012

Opinión sobre la Iglesia en unas charlas bautismales

La semana pasada fui a unas charlas bautismales como madrina para el bautizo de mi sobrina. Había cinco familias, y de ellas sólo una era practicante.

Me llamó la atención que lo primero que hizo la catequista antes de empezar la charla fue repartir un sobre para que los padres entregaran dinero el día del bautizo. Luego preguntó a los que allí estábamos qué era ser cristiano en el mundo de hoy. Uno de los padres dijo que estábamos allí para cumplir un protocolo, pero que ya que estábamos en un grupo pequeño, pues aprovecharía para compartir su opinión, y a partir de ahí se originó un pequeño debate. Unos decían que ser cristiano era tener unos valores en la vida, otros hablaban de la importancia de la familia para transmitir esos valores con el ejemplo, y el resto empezó a hacer un recuento de experiencias negativas que habían tenido con la Iglesia: que había sacerdotes que no permitían bautizar a hijos de parejas que no estuviesen casadas, que la Iglesia estaba totalmente desfasada, que la sociedad había ido avanzando pero la Iglesia se había quedado igual. El más benevolente era el que iba a misa, que iba obligado por acompañar a su hijo que iba a hacer la comunión, que decía que cada vez le costaba más trabajo convencer a su hijo de que tenía que ir a misa, porque se aburría mucho allí. Lo único en lo que estábamos de acuerdo era que todos creíamos en Dios y que no hacía falta ir a misa, que Dios está en todas partes.
La catequista, por su parte, coincidía en esta última idea, y que es importante que las familias inculquen valores a sus hijos, y también que había actitudes desfasadas en la Iglesia. Luego habló de su testimonio como catequista en la parroquia y de las actividades que había allí y de que ella iba a misa libremente, aunque le costó un poco de trabajo porque parecía un bicho raro después de lo que se había hablado. También dijo que los niños ya son hijos de Dios desde que nacen, así que al final no quedó muy claro cuál era el verdadero sentido del Bautismo. El día del Bautizo el sacerdote dijo que a través de este sacramento los niños empiezan a formar parte de la familia de la Iglesia. Precisamente estos días en la hojilla litúrgica de la parroquia de San Lorenzo, explicaba que el bautismo es símbolo del amor de Dios, y a través de él formamos parte de la comunidad de seguidores de Jesucristo, se nos reconoce que somos hijos de Dios, nos unimos a Jesucristo en la resurrección y recibimos la fuerza del Espíritu Santo para vivir intensamente el Evangelio.

Supongo que la comunicación de los sacerdotes con los seglares es fundamental, porque ellos son como los "comerciales" de la Institución de la Iglesia y si no entienden, no apoyan o no conocen muchos temas de la Iglesia, la imagen que llega a la gente puede ser confusa. Después yo dije que Dios está en todas partes, pero que yo siento a Dios más cerca cuando voy a misa porque si ser cristiano es sólo transmitir valores, eso también los inculcan a sus hijos los que no son creyentes; coincidí en que es verdad que hay sacerdotes que despiden a la gente en vez de acogerla, pero también que hay otros que en sus homilías son muy cercanos a la gente y los niños no se aburren en misa. Al final el que empezó hablando repitió que mi testimonio reforzaba su idea de que la Iglesia estaba desfasada y que lo que necesitaba era sacerdotes que se adaptaran a los tiempos y que él también había escuchado una vez en una misa a un cura joven que hablaba en un lenguaje sencillo, pero que esto eran excepciones.

Es curioso que estas personas quizá ya no vuelvan a tener más contacto con la Iglesia, y el que han tenido es en muchas ocasiones sólo por seguir una tradición al nacer su hijo, igual que ocurre con otros sacramentos como la comuniones o las bodas. Su actitud es incoherente porque estábamos allí para que nuestro hijo o ahijado formara parte de una Iglesia a la que, al parecer, nadie quería realmente vincularse. Por otro lado, la Iglesia también debería aprovechar estas ocasiones en que la gente se acerca a Ella para mostrarle una actitud cercana y servicial, y así vieran que la Iglesia es de ellos también y que es un lugar que puede prestar un servicio a la sociedad, acercando a la gente a Dios y transmitiendo esperanza, en vez de poner trabas a los que se acercan a Ella.

La Iglesia está cambiando poco a poco, pero esa imagen no está calando en la sociedad. Este año es el año de la Fe y de la Nueva Evangelización. Es verdad que la sociedad se tiene que acercar con fe a la Iglesia pero también ésta puede evangelizar acercándose a la sociedad, aceptando los cambios que se están produciendo, en una actitud de diálogo, explicando razonadamente las normas que aplica la Iglesia y que esta sociedad no entiende, y sobre todo volcándose más que nunca ahora con las familias necesitadas de las feligresías en vez de esperar que sean ellos quienes se acerquen. Tal vez ese sea el camino para que, una vez que se produzca este acercamiento, poder contarles la Buena Noticia de que Dios está con nosotros para darnos fuerza en nuestra lucha diaria, como hicieron los primeros cristianos.

viernes, 20 de enero de 2012

Confiar para ser más feliz

Hay mucha gente que dice que cree en Dios y que siente un gran amor por Él, como hizo el apóstol Pedro cuando Jesús le preguntó si le amaba. Luego vino la debilidad humana y hasta él que llegó a ser santo, le negó tres veces.
No basta con decir que creemos en Dios, tenemos que demostrar hasta qué punto creemos en Él y no caer en la tentación de lo fácil y lo humano. Es muy sencillo creer cuando todo nos va muy bien. Lo difícil es seguir con la misma fe cuando nuestra vida se tambalea y parece que Dios no hace nada por evitarlo.
En realidad Él está ahí, esperando que le demostremos que de verdad le queremos, creyendo en Él a pesar de todo.
Muchas veces nos agobiamos porque creemos que todo lo que hay a nuestro alrededor depende de nosotros, y no nos damos cuenta de que al final las cosas van a salir como Dios las tiene planeadas. Nosotros sólo podemos poner la confianza en que todo va a salir bien aunque no podamos entenderlo, la aceptación y la disponibilidad para que se lleve a cabo lo que Dios quiera. Así nos sentiremos más aliviados al ver que todo el peso no recae sobre nosotros, y podremos luchar con menos presión para conseguir algo.
Pero más allá de todas las cosas materiales que nos rodean hay algo más. En lo más profundo de nuestro ser está Dios, que nos ayuda cada día a afrontar las pruebas que se nos van presentando y que no siempre son fáciles de superar. Dios sabía que esto no iba a ser fácil para nosotros, por eso nos envió a su Hijo, que nos dijo que Él era el Camino, para que su vida nos sirviera como ejemplo, como camino a seguir ante las dificultades en la vida. Él también era humano y cuando supo que iba a morir crucificado, le costó aceptarlo y le pidió a Dios que apartara de Él este destino, pero al final a través de su oración con Dios, confió en Él y aceptó su voluntad. Si echamos un vistazo a cualquier crucifijo podemos ver en Jesús la expresión de la entrega y generosidad absoluta.
Nosotros, a diferencia de Jesús, no sabemos cuál será nuestro destino, pero no debemos perder la confianza en Dios, al contrario, debemos agarrarnos más a Él en caso de dificultad y tener paciencia en que todo se resolverá de la mejor manera según los planes de Dios, que al final sólo busca nuestra felicidad verdadera, por eso debemos contribuir a sus planes, aunque no siempre los entendamos.

viernes, 30 de diciembre de 2011

La Navidad y la falta de valores

En un artículo recientemente publicado en Diario de Cádiz, aparecían datos sobre una encuesta realizada por Metroscopia, en la que analizaba el sentido de la Navidad para los jóvenes: para el 84% de los jóvenes españoles estos días solamente significa cenas, fiestas o reuniones; para el 72% no tiene ningún significado religioso, y únicamente el 15% asiste a la Iglesia en esta época del año.
Este hecho se atribuye a menudo al materialismo y a la pérdida de valores de esta sociedad, que ha dejado de creer en Dios, para confiar sólo en el poder del ser humano, y es comparada muchas veces con la sociedad de hace unas décadas en la que la gente estaba obligada a cumplir unas normas de comportamiento por temor al castigo y había valores como el respeto y la educación. Es verdad que se están perdiendo los valores y que el hombre está jugando a ser Dios haciendo y deshaciendo la naturaleza a su antojo, pero también hay que tener en cuenta otro aspecto. La sociedad actual está cambiando, y no sólo en lo que respecta a los cambios tecnológicos; está convirtiéndose también en una sociedad menos ignorante, que sabe cuáles son sus derechos. El problema es que se ha luchado mucho por conseguir unos derechos, pero esto no ha ido acompañado de unas obligaciones. En las familias, por el afán de proteger a sus hijos, muchos padres no dejan que éstos se responsabilicen de su vida, impidiendo que maduren como personas, enfrentándose incluso a todo el que quiera imponerles unos límites, como en el colegio. Así hemos creado una sociedad con un alto índice de fracaso escolar, que además no ayudan a sus padres en casa y que incluso cuando se independizan, siguen dependiendo de sus padres para el cuidado de la casa y de los niños.
Es una sociedad inmadura, que se aprovecha de que no le imponen límites para hacer lo que quiera buscando sólo su propio beneficio. Pero también lo era la sociedad del franquismo, que hacía lo que le decían sin pensar lo que le dictara su conciencia, sólo por miedo al castigo. Por supuesto, en la sociedad actual no tiene cabida la fe, ni los valores que nos propone la Iglesia, ni la asistencia a misa, como podemos ver en estas fechas navideñas. Sin embargo, deberíamos caminar hacia una sociedad más madura, en la que conservemos los derechos que hemos conseguido, pero con unos límites, y dentro de unos valores como la solidaridad, el esfuerzo o la empatía, pensando en el bien común y poniéndonos en el lugar del otro.
Porque en realidad esta sociedad no es feliz, se siente vacía, sobre todo ahora que la crisis hace que sea más difícil satisfacer rápidamente los deseos consumistas de cada uno. Ahora más que nunca esta sociedad necesita un referente, Alguien que le de verdadero sentido a la vida, sobre todo cuando llega el sufrimiento o la frustración.

En estas fiestas navideñas se celebra que Jesucristo vino a este mundo para que viviéramos nuestra fe en Dios en plenitud, sin obligaciones ni leyes, como se hacía antes de que Él naciera, sino como un un Padre bueno, que nos ha creado a nosotros y al mundo que nos rodea y que nos ama y quiere que seamos plenamente felices.

sábado, 17 de diciembre de 2011

Hay lugar para la esperanza

El artículo que presento a continuación aparece en el Boletín del Movimiento Familiar Cristiano de la Diócesis de Cádiz y Ceuta. Lo he incluido en mi Blog porque habla del trabajo que hacen las personas que forman parte de la Iglesia y que pocas veces sale a la luz porque no son noticia; desde fuera de la Iglesia, porque vende más la crítica y el escándalo y, desde dentro, porque el derrotismo de muchas personas en la Iglesia, no contribuye a proyectar la imagen de la Iglesia como institución que está al servicio de la sociedad. Un ejemplo de esto son estas personas que están al frente del Movimiento Familiar Cristiano, autores de este artículo:

¡HAY LUGAR PARA LA ESPERANZA!

En un mundo desencantado, los cristianos tenemos que hacernos notar.
Las familias necesitan ver un horizonte de esperanza, que les ayude a caminar hacia una mejor convivencia. Y es ahí donde el MFC debe estar presente para tender una mano amiga.

El cristiano, que es una persona sometida a los vaivenes del mundo y que sufre las mismas carencias que los demás, se ha de distinguir porque no se apoya en los bienes materiales, en la suerte o en su valía personal. El cristiano fundamenta sus seguridades en Jesucristo:”Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin de mundo” (Mt 28,20 ). Esta seguridad no es una utopía, ni una alienación; es un convencimiento que tenemos que transmitir a los que nos rodean, y este convencimiento no es compatible con el desencanto y menos con el fatalismo, que es una falta de fe y un desprecio al esfuerzo que están haciendo muchas personas dentro y fuera de la Iglesia.

Con esa esperanza ha asumido este equipo la presidencia del MFC. Sabemos que hay gente muy comprometida, que luchan por mejorar las condiciones de vida y defender la dignidad de las personas, en una sociedad que cambia a pasos agigantados. Sabemos de la solidaridad y el compromiso con los más necesitados, y estamos aquí para trabajar junto a estas personas y transmitirles que, desde el MFC, también se puede avanzar hacia una sociedad más abierta y más justa, haciendo vida el Evangelio y nuestro Ideario, que nos compromete y nos marca el camino.

A veces, los que no conocen el MFC, nos tachan de inoperantes o de no estar implicados en la misión de la Iglesia en el mundo; y quizás tengamos parte de culpa en ello por no saber mostrar (vender) nuestras implicaciones y nuestro compromiso con un mundo necesitado de comprensión y de estímulos. Somos pocos, pero con suficiente preparación y ganas de trabajar; y hemos de saber transmitir nuestro convencimiento de que en comunidad podemos vivir mejor la fe y afrontar los problemas que se presentan cada día a las familias. Para ello no tenemos que renunciar a ningunas convicciones, ni principios, sólo estar abiertos a las necesidades de una sociedad con nuevos retos y disyuntivas.

Nuestro trabajo personal y de equipo ha de ser un trampolín para implicarnos en la ayuda a la familia. Esto requiere una disponibilidad y un empeño en derribar muros y apartar prejuicios, y centrarnos en lo que las familias necesitan.

Hay un trabajo ilusionante y urgente. Cuanto más personas seamos y más unidos estemos, más fuerza tendremos y más se nos podrá tener en cuenta.
Que es estas fechas de ilusión y esperanza sirvan para encender en nosotros el fuego del amor que Jesús viene a traer al mundo.

EL EQUIPO DE PRESIDENCIA DIOCESANO

viernes, 28 de octubre de 2011

Todo pasa por algo

Hay muchas situaciones difíciles en la vida, en las que parece que nada tiene sentido y que no quedan fuerzas para salir adelante.
Hace poco el P. Jesús García Cornejo dijo en una homilía: "Hay que experimentar la sombra para poder ver la luz. O al revés, hay que pasar por la luz para poder entender la sombra".
Esto me hizo reflexionar que todo pasa en la vida por algo, aunque de momento no lo entendamos. Incluso puede que los problemas hagan tambalearse nuestras creencias y nos enfademos con Dios porque pensemos que está siendo demasiado injusto con nosotros y hacer que sintamos ansiedad, rabia, impotencia, miedo, tristeza, depresión... Pero todo esto está en los planes de Dios y es necesario que ocurra para que podamos "ver la luz".
Pero no podemos quedarnos en esas sensaciones negativas. Es lógico que las sintamos porque somos humanos y a veces no confiamos en Dios lo suficiente. El mismo apostol Pedro, cuando Jesús le dijo que caminara hacia Él sobre el agua tuvo miedo de la tempestad y empezó a ahogarse, pero Jesús le tendió la mano, lo sacó del agua y le dijo: ¿Por qué has dudado?
Igual que Pedro, nosotros también podemos tener la terrible sensación de estar ahogándonos, por dudar de que Dios esté ahí para sacarnos del atolladero, porque somos humanos y débiles, pero luego hay que levantar la mirada y ver a Dios que está ahí tendiéndonos la mano para ayudarnos. Muchas veces en la vida tenemos la sensación de que Dios nos aprieta, pero luego le pedimos ayuda y todo se soluciona y entonces le encontramos sentido a todo, y "entendemos las sombras". Y cuando hemos visto la luz nos damos cuenta de que ese sufrimiento nos ha hecho más pacientes, nos ha enseñado a valorar más las pequeñas cosas, nos ha hecho más fuertes o nos ha hecho tener más fe, y por lo tanto más felices. Pero si no somos capaces de superarlo y nos quedamos anclados en el pesimismo, no solo no vamos a ser felices sino que vamos a desencadenar otra serie de problemas derivados de nuestra actitud, y podemos estropear la relación que tenemos con los que nos rodean y crear un círculo vicioso del que es difícil salir.
En esos momentos nos preguntamos: Y ahora, ¿dónde está Dios? y analizando otra frase del P. Jesús: "Dios está justo ahí, en el sufrimiento", descubrimos que Dios se hace más presente en las situaciones difíciles y en las personas que más lo necesitan como dicen las Bienaventuranzas. De hecho es cuando más lo necesitamos y cuando más recurrimos a Él. Si todo nos va bien, nos volvemos autosuficientes y creemos que nos basta y nos sobra con las cosas materiales. Además, precisamente ahora con la crisis tenemos un claro ejemplo de que en situaciones difíciles se dan más valores como la solidaridad o la amistad. Así que tenemos que aprovechar el sufrimiento para buscar a Dios, para crecer como personas, aprender a confiar en Él y no querer tener el control absoluto de nuestra vida, aunque muchas veces no entendamos sus planes; y tomar la vida como viene, porque todo lo que nos pase siempre tiene algo positivo aunque tengamos que esperar a "pasar a la luz para entender las sombras".

domingo, 9 de octubre de 2011

Gracias a algunos sacerdotes

A veces uno se acerca a la Iglesia buscando una respuesta a las preocupaciones de cada día y sale de allí sintiéndose un poco más feliz. Este artículo está dedicado a algunos sacerdotes que con su actitud nos hacen la vida un poco más agradable a los demás.

Gracias a los sacerdotes por ser generosos y entregar su vida sin pedir nada a cambio.
Por ser valientes y renunciar para siempre a compartir su vida con otra persona
Por mantenerse firmes a pesar de las críticas, sobre todo en estos tiempos de anticlericalismo
Por ser coherentes con su vida dando ejemplo y mostrando la actitud que debemos seguir
Por ser humildes
Por no quejarse aunque a veces tengan motivos para ello
Por dialogar en vez de imponer
Por tratarnos como si fuéramos hermanos de su propia familia y dar lo mejor de sí mismos
Por ser serviciales y no tener horarios
Por acercarse a la gente en vez de juzgarlas
Por ser fieles al modelo de Jesucristo en el Evangelio
Por disfrutar lo que hacen porque eso se nota y se transmite a los demás
Por mostrarse alegres aunque no siempre tengan ganas de sonreir
Por ser intermediarios entre Dios y nosotros
Por compartir con nosotros su experiencia de Dios
Por ser buenos "pastores" y cuidar de que no les falte consuelo o esperanza a sus "ovejas"
Por no dejarse llevar por la rutina y celebrar la Eucaristía como el primer día
Por tener una actitud más cercana que solemne
Por hacernos sentir la Eucaristía como algo positivo para nuestra vida, no como una obligación
Por mostrarnos la presencia de Dios cada Eucaristía
Por seguir creyendo en una Iglesia que busque realmente a Dios en vez de la que va sólo a cumplir un precepto
Por seguir transmitiendo entusiasmo a pesar de no ver resultados


Hay quien pueda pensar que ser sacerdote no es más que un trabajo remunerado como otro cualquiera, y no dudo que haya sacerdotes que se comporten como si fuera así, pero tendríamos que fijarnos más en los que pudiendo haber elegido caminos más fáciles en la vida, han preferido entregarse a los demás sin esperar nada a cambio y lo hacen además de corazón.
En estos tiempos en los que es tan necesaria la esperanza se pide para que haya muchas vocaciones sacerdotales. Yo más bien pido para que, muchos o pocos, haya buenos sacerdotes a los que esta sociedad tanto necesita aunque ni siquiera lo sepa.

domingo, 11 de septiembre de 2011

La actitud ante la crisis

Estamos cansados de oír que estamos atravesando una crisis muy dura que se está alargando cada vez más en el tiempo; tanto, que ya casi nos hemos acostumbrado a los casos de deshaucios a nuestro alrededor como cuando vemos imágenes de pobreza extrema en países subdesarrollados. Y la verdad es que hay muchos casos realmente dramáticos: familias en paro que tienen que vivir de la pensión de sus padres, comerciantes que han invertido en un negocio y ahora tienen que aguantar aunque sólo sea para cubrir gastos porque si no, el banco les quita su casa o incluso a los que ni siquiera cubren gastos, les embargan. Y lo peor son las pocas esperanzas de encontrar trabajo para estos padres de familia que se han quedado en paro, comerciantes que se han visto forzados a cerrar y tienen que empezar de nuevo o jóvenes que empiezan a intentar incorporarse al complicado mundo laboral. Encima si encuentran algún trabajo precario en el que no pueden ni rechistar porque saben que van a la calle directamente, al que le han embargado la casa, si ésta no alcanza el valor en la subasta de la deuda contraída con el banco, le embargan una parte del sueldo y al comerciante que tenía deudas con la Seguridad Social también le quitan parte del sueldo cuando empieza a trabajar. Luego están las pobres abuelas que vivieron tiempos difíciles en la posguerra y que ahora que estaban empezando a vivir mejor se encuentran que tienen que cuidar a los nietos y ahora también ayudarles económicamente. El problema es que esta crisis nos ha cogido de improviso. Ya no sólo afecta a los que se han quedado sin trabajo, sino a los que teniendo más o teniendo menos vivían al límite de sus posibilidades y ahora ven que los gastos superan a los ingresos y sin posibilidad de pedir crédito a los bancos. Nos ha cogido desprevenidos, pero tenemos que empezar a adaptarnos.

De todas las desgracias siempre se puede sacar algo bueno. De toda esta crisis hemos aprendido que ya no somos tan autosuficientes como pensábamos, que toda la estabilidad que nos proporcionaba este Estado del Bienestar también puede venirse abajo.

A nivel personal nos ha enseñado que tanto las personas como las cosas materiales nos pueden fallar. Hemos aprendido a distinguir las personas con quienes cuentas de verdad cuando lo necesitas y quienes no. Tambien hemos aprendido que la felicidad está en las pequeñas cosas a las que nunca le hemos dado importancia. Pronto iremos saliendo de la crisis y nunca volveremos a ser los que fuimos pero lo importante es que empecemos de cero y empecemos a valorar, desde ya, lo sencillo que tenemos cada día a nuestro alrededor, que es lo verdaderamente importante. En nuestra escala de valores la relación con los que nos rodean tiene que estar por encima de ganar la mayor cantidad de dinero posible, si no queremos que nos sintamos vacíos cuando falla la economía.

Algunos puede que piensen después de esta crisis que Dios no existe o que nos ha abandonado, pero quién sabe, a lo mejor hasta le tenemos que agradecer que hayamos pasado por todo este sufrimiento, porque nos haya hecho mejores personas, si es que hemos logrado superarlo y no nos hemos sentado al borde del camino a lamentarnos de nuestra suerte.

Los que creemos en Jesucristo y en el Evangelio tenemos que confiar en Él y pedirle que nos ayude. Aunque estemos desesperados tenemos que cargar las pilas para poder afrontar la vida con valentía. Es importante que estemos bien por dentro, y para eso es muy importante la fe, confiar en que ese Dios en el que creemos realmente puede ayudarnos y de verdad nos acompaña en la vida. Muchas veces vivimos situaciones extremas de pobreza y necesidad pero precisamente Jesús en su paso por este mundo vino a traer esperanza a "los pobres, los que lloran, los que tienen hambre y sed, porque ellos serán saciados", que eran justamente quienes iban a escucharlo. Al menos hay algo positivo en el sufrimiento: hace que nos acerquemos a Él y nos sintamos llenos cuando nos conceda lo que le pidamos o nos ayude a conseguirlo.

Tenemos que reconocer en nosotros todas las cualidades aque tenemos. Es verdad que somos débiles, las circunstancias difíciles nos lo recuerdan duramente, pero es verdad que fuimos creados por Dios y Él sí es poderoso, sólo hay que mirar las maravillas de la naturaleza. Así que nosotros también lo somos. Sólo hay una cosa que Él no hizo: elegir por nosotros; podemos venirnos abajo ante las dificultades o afrontarlas con ilusión y esperanza de superarlas.

domingo, 14 de agosto de 2011

Jornada Mundial de la Juventud

Hemos contado estos días con un acontecimiento histórico en Cádiz como es el Vía Crucis Diocesano.
Creo que es un acontecimiento positivo porque las Imágenes de las distintas Cofradías aglutinan a mucha gente, y aunque la Eucaristía es la base de la fe de los cristianos, no cabe duda que, por desgracia, para mucha gente la base de sus creencias es su devoción a una Imagen. Por eso creo que esta iniciativa ha sido un éxito, por aunar la fe de todos los creyentes, ya sean católicos practicantes, no practicantes, comprometidos, alejados y cofrades, y sobre todo, porque la idea provenga del Obispado. También es verdad que esto ha beneficiado a la imagen de la Diócesis de Cádiz a los jóvenes que nos han visitado, pero también ha contribuido a darle esplendor a las cofradías gaditanas, y sobre todo dando muestras de buena voluntad tanto sacerdotes como cofradías aunando esfuerzos para que todo saliera bien.
En cuanto a la Jornada de la Juventud, creo que es una buena iniciativa propuesta por Juan Pablo II que puede ser muy positiva para la Iglesia, porque las iglesias están vacías y atrayendo a la gente joven podrían llenarse,ya que cuando vayan desapareciendo las generaciones de tradición católica practicante, puede que disminuya más el número de católicos practicantes. También pueden surgir más vocaciones a través de estas Jornadas, tan escasas en estos tiempos. Además con estos encuentros la Iglesia ofrece una imagen joven, abierta y entusiasta, que tanto necesita para mejorar la opinión a veces desvirtuada de Institución retrógrada e impositiva. También aumenta el número de católicos comprometidos, porque los jóvenes, constituyen el grupo de edad que tiene más facilidad para comprometerse en la Iglesia, por su carácter entusiasta, sus ideales de cambiar el mundo, su altruismo y su mayor disponibilidad al tener más tiempo libre.
Sin embargo, los jóvenes son el sector de la sociedad más alejado de la Iglesia, porque ellos avanzan más rápido con los tiempos en esta sociedad y la Jerarquía es la que más tarda en adaptarse estos cambios. Por eso estas Jornadas Mundiales de la Juventud son positivas, porque hay un acercamiento entre Jerarquía y juventud. Lo interesante es que no se quede sólo en estos encuentros, sino que sirva para que los jóvenes descubran que la Iglesia puede ofrecerle la plenitud a sus vidas que este mundo, en cambio, no les da. Y que, a su vez, el Papa, en representación de la Jerarquía eclesiástica, trate de comprender a través del encuentro con estos jóvenes las inquietudes de esta sociedad que está cambiando y pueda llevarle la esperanza en Dios que tanto necesita.
Lo único que no me ha sonado muy bien ha sido la propuesta de Rouco Varela de conceder la indulgencia plenaria a quienes se arrepientan de haber abortado, lo que vuelve a dar una imagen de puerta entreabierta por la que se entra con condiciones, en vez de abrirlas de par en par incondicionalmente como hizo Jesucristo con la mujer pecadora.
De todas formas ojalá que esta Jornada Mundial de la Juventud en España sirva para que continúe el acercamiento entre la Jerarquía y la sociedad una vez que pasen estas Jornadas y que el Via Crucis diocesano de Cádiz sirva, ahora que no haga falta dar buena imagen frente a nadie, para que continúe el acercamiento entre sacerdotes y cofradías y podamos ver de vez en cuando Eucaristías o actos religiosos en medio de las plazas o sacerdotes y cofrades colaborando estrechamente porque todo salga bien y que cofrades y que la sociedad en general se acerquen también a las iglesias como respuesta a este tipo de iniciativas.