martes, 21 de junio de 2011

Cambios en la Iglesia

El otro día escuché un anuncio en la radio pidiendo que se marcara la casilla en la Declaración de de la renta a favor de la Iglesia y esto me hizo pensar que Iglesia a veces se dirige a la gente alejada para pedir dinero y para que asistan a actos nada atractivos para la sociedad actual. Contribuiría más a mejorar su imagen que también se dirigieran a la sociedad para ofrecer más ayuda económica, y también la esperanza del mensaje de Jesús y hacerlo de forma atractiva. Pero para eso tendrían que cambiar muchas cosas. La situación actual de la Iglesia es difícil porque se tendrían que dar una serie de circunstancias para que todo cambiara.

La Iglesia pide que la gente se comprometa. La cuestión es si la idea es que colaboren con los están actualmente en las comunidades o cofradías o que les dejen participar dejando que cada uno desarrolle su creatividad y que se sientan necesarios, que es la principal motivación para comprometerse. De todas formas como he dicho antes hay muchos obstáculos que impiden que la situación cambie.

Para empezar hace falta el milagro: que la persona sienta la llamada a seguir a Jesús. Pero esa llamada la puede sentir sobre todo a través de la oración, la eucaristía, la formación, etc. y estamos hablando de gente alejada, por lo que es poco probable. Por eso habría que hacer el llamamiento de forma atractiva. En caso de que la persona acudiera a la Eucaristía es muy importante la actitud del sacerdote, laicos de la comunidad o cofradía, para que sintiera esa llamada, y para que esa persona se sintiera con libertad para poder llevar adelante su vocación de cristiano comprometido. Una actitud autoritaria sería lo contrario de una actitud acogedora. También habría otros inconvenientes como la imagen que tiene la gente de la Iglesia, tanto de la Jerarquía como de los laicos comprometidos, aunque no siempre se corresponde con la realidad. La Jerarquía da una imagen retrógrada y autoritaria; y los laicos comprometidos dan imagen de arrogancia y de incoherencia entre sus prácticas religiosas y su vida personal.

Quizá a través de la formación se pudiera aclarar a la gente las posturas más retrógradas, pero parece un tema tabú dentro de la Iglesia poner en entredicho algunas posturas conservadoras, además de que los sacerdotes tienen voto de obediencia y tienen que defenderlas aunque no estén de acuerdo con algunas de ellas.

De todas formas, no todo está perdido, a través del diálogo, de sacerdotes que abran las puertas en vez de cerrarlas, de laicos alejados abiertos a sentir esa llamada, sin miedo a cruzar la puerta, de laicos comprometidos que se vuelquen más a ayudar económicamente a la gente necesitada, además de cuidar la parte espiritual y de una Jerarquía que avance con los tiempos y una Iglesia, en general, que sepa llevar esa imagen de cambio a la sociedad, se puede conseguir que la Iglesia se integre en la sociedad y cada vez haya más gente que participe en ella.

De todas formas, la idea no es llenar la Iglesia de gente, sino abrirles las puertas a los que quieran entrar pero no lo hacen porque hay muchas actitudes que les hacen mantenerse alejados.

sábado, 28 de mayo de 2011

La Iglesia y las Hermandades

Ahora que estamos en plena romería del Rocío vemos la gran cantidad de gente que siente devoción por la Virgen. Las Hermandades ya sean de pasión o de gloria, como esta hermandad del Rocío, atraen la fe de mucha gente. Para muchas personas las cofradías son su única vinculación con la Iglesia y por lo tanto, tienen un papel fundamental dentro de ésta.

De todas formas son un sector controvertido, que cuenta con gente a favor y en contra y seguramente tanto unos como otros tengan parte de razón.

Las Hermandades tienen en general buena aceptación en la sociedad porque utilizan una Imagen como instrumento para evangelizar y tiene la ventaja frente a las palabras, que utiliza un lenguaje universal para todas las edades, clases sociales y niveles culturales. También es una asociación que se acerca a la sociedad porque lleva esa catequesis a todo el mundo pasando por sus calles. Además lo hace de una forma atractiva por la belleza de las distintas obras artísticas, lo que hace posible que tanto creyentes como no creyentes se acerquen a ver las distintas procesiones, y que lo hagan cada año, porque, como cualquier obra de arte, transmite sensaciones diferentes cada vez que las vemos, y eso hace que no nos cansemos nunca de verlas. También hay algo que atrae a la gente a participar más activamente en una cofradía y es la autonomía que tiene, ya que cuenta con sus propias normas internas, como son los Estatutos, y la organización de los cultos y las salidas procesionales, y es lógico, porque la gente se implica más cuando se siente protagonista a la hora de vivir su fe.

Por otra parte, esta autonomía hace que haya sectores en la Iglesia que no vean con buenos ojos a los cofrades. Por un lado, porque no se integran en las parroquias a las que pertenecen y no reconocen la autoridad de la Iglesia, y por otro, porque se centran demasiado en cuestiones materiales de la cofradía y descuidan un poco su faceta espiritual.

También hay otros sectores que no están vinculados a la Iglesia y tampoco entienden a los cofrades por su falta de coherencia entre su vida y sus creencias. Son gente que creen en Dios pero van por libre y piensan que la verdadera fe en Dios no tiene nada que ver con las manifestaciones externas de la fe.

La realidad es que a muchos devotos y hermanos y a la sociedad en general nadie les ha sabido transmitir la fe en el mensaje de Jesús, por eso su actitud no es la ideal desde el punto de vista de la fe. Yo creo que la Iglesia, sacerdotes y laicos, tienen la responsabilidad de aprovechar la fe en Jesús de tanta gente para evangelizarles transmitiéndoles el atractivo mensaje que nos dejó Jesús.

Pero para conseguir esto la actitud de la Iglesia podría ser tan acogedora y abierta como las Imágenes sagradas que procesionan por las calles: utilizar un lenguaje universal comprensible para todas las edades y sectores sociales; salir a buscar a la gente (creyentes y no creyentes) a la calle y no esperar que acudan a los templos, hacerlo de forma atractiva, y buscando la convivencia de los sacerdotes con los laicos como uno más, dando autonomía y protagonismo a las iniciativas y no excluyendo a nadie. Al fin y al cabo esto no es más que lo que hizo Jesucristo en su paso por este mundo y sigue haciéndolo cada año en Semana Santa.

lunes, 25 de abril de 2011

Creer en la Iglesia

Últimamente estoy oyendo críticas acerca de la Iglesia, bueno, mejor dicho, de la Jerarquía eclesiástica, desde varios sectores: ateos, cofrades, cristianos practicantes y hasta cristianos comprometidos.

Entre las críticas hay quien piensa que muchos sacerdotes tienen una mentalidad anterior al Concilio Vaticano II, en el sentido de que la Iglesia sigue siendo la Jerarquía, debido a su avanzada edad o a la formación eclesiástica que han recibido, en vez de pensar como se dijo después que la Iglesia somos todos y también se critica que no avance con los tiempos e intente mantenerse firme ante el espíritu materialista y laicista que hay en la sociedad para no dejarse influenciar por él.

También en el otro lado hay muchos alejados de la Iglesia que viven en el pasado y que aprovechan la difusión de las redes sociales para sacar todo el rencor de los tiempos pasados en los que la Iglesia estaba aliada con el poder.

Yo creo que tanto los sacerdotes como los cristianos que los critican deberían hacer un esfuerzo por acercar posturas. Los que critican, hablando abiertamente con los sacerdotes con un espíritu constructivo de colaboración y los sacerdotes dando el paso de acercarse y explicar sus posturas cuando vean rechazo por parte de la sociedad.

El pasado sábado el Papa tuvo la iniciativa de aparecer en la RAI, respondiendo a siete preguntas formuladas por personas de todo el mundo. Esta iniciativa me parece muy buena si de verdad se hubieran elegido preguntas de personas que se cuestionan las decisiones de la Jerarquía eclesiastica, pero no fue así. Varias personas de todo el mundo preguntaban al Papa por el sentido del sufrimiento del mundo, y otras preguntas estaban relacionadas con la Pasión de Jesucristo. Pero seguro que dejaron en el tintero muchas otras preguntas más conflictivas. Es como si los Pastores de la Iglesia tuvieran miedo de que los "lobos" de la sociedad alejada de la Iglesia pudieran hacer daño a la Institución de la Iglesia y se preocuparan más bien de protegerla dando una buena imagen que de dejarles entrar y dialogar con ellos. Y con eso sólo consiguen que la sociedad los vea como eso: guardianes severos que no aceptan críticas de la sociedad.

El otro día dijo el P. Jesús García Cornejo que la Iglesia es pura y limpia, que somos los que la formamos los que la ensuciamos con nuestros comportamientos. Y esto me hizo cuestionarme qué es en realidad lo que llamamos Iglesia. Yo creo que la Iglesia la formamos todos los que creen en Jesucristo y quieren continuar su misión, aunque muchos no se consideren Iglesia y todos cometemos errores, los dirigentes y los laicos.

Como ocurre en un colegio, en la Iglesia tiene que haber una Jerarquía para que haya un mejor funcionamiento. En un colegio está el Director, los profesores y los alumnos. En la Iglesia está el Papa, los sacerdotes y los laicos. Los alumnos de un colegio tienen el derecho y la obligación de ir a clase aunque no estén de acuerdo con algunos aspectos del sistema educativo o con la decisión de algún profesor o del director; para eso hay otras soluciones, incluso cambiar de colegio, pero nunca quedarse sin escolarizar. Todos los alumnos forman parte de la comunidad educativa. En la Iglesia pasa igual. Por eso nadie debe pensar que él no es Iglesia y dejar de acudir a ella. La Iglesia también eres tú que estás leyendo este artículo y te molesta cuando sientes que alguno de sus miembros no está haciendo bien las cosas. Por eso no debes criticarla porque criticarías a algo a lo que tú perteneces.

En estos día celebramos la Pascua de Resurrección, que es una gran fiesta para los cristianos, y no creo que un padre pueda estar feliz cuando muchos de sus hijos falten a esa fiesta. Tampoco entiendo que muchos que manifiestan públicamente en Semana Santa su fe en Cristo no se sientan cristianos que siguen a Cristo no sólo en el sentido físico de ir detrás de Él en una procesión sino en el de continuar con la Iglesia que Él fundó. Por eso no te quedes al borde del camino, viendo cómo ella pasa por delante de ti porque es Jesucristo quien te pide a ti que vayas detrás de Él y te va a pedir cuentas a ti de por qué no le seguiste.

Que la Pascua de Resurrección sirva para que entre todos hagamos un esfuerzo porque haya más unidad dentro de la Iglesia y nadie se sienta excluido.

viernes, 22 de abril de 2011

Semana Santa todo el año

Ya ha terminado la Semana Santa y para mucha gente se acaban gran parte de sus vivencias religiosas. Ahora toca esperar otro año para volver a sentir y a manifestar públicamente nuestra fe en Cristo. Aunque este año ni siquiera eso, porque hay muchas cofradías que no han podido procesionar por las calles por culpa del mal tiempo. Pero no tenemos por qué estar tristes.

Somos cristianos y cofrades todo el año, no sólo en Semana Santa donde nos gusta alardear de nuestra condición de cofrades. En la Pasión de Cristo se nos relata cómo Pedro negó a Jesús tres veces. Nosotros también lo hacemos cada vez que sentimos vergüenza o miedo al qué dirán a la hora de expresar abiertamente nuestra fe como cristianos.

Muchas veces parece que cuando pasa la Semana Santa se viene un poco abajo la fe y la ilusión de estos días. Y es que vivimos la fe como un sentimiento nuestro hacia Dios y no nos damos cuenta del gran amor que Dios nos tiene siempre.

El otro día decía el P. Jesús García Cornejo que el gran error de Judas fue que no se dio cuenta de lo mucho que Jesús le quería. Jesús lo eligió como apóstol para que extendiera su mensaje por el mundo. Pero él prefirió obtener un beneficio económico a cambio de entregarle y cuando se dio cuenta de su error ya era demasiado tarde. Nosotros también, como Judas, tenemos que ser conscientes del amor que Dios nos tiene y anteponer el proyecto de vida que tiene para nosotros por encima de nuestros intereses materiales.

Hay otro personaje en la Semana Santa que suele pasar desapercibido: el Cirineo. Representa la actitud que todos deberíamos tomar ante el inmenso sacrificio que Cristo hizo por nosotros, que aceptó todo el sufrimiento de la Cruz para llevar el plan de Dios de extender su mensaje por todo el mundo para que pudiéramos vivir con más plenitud en esta vida y tener vida eterna. El Cirineo le ayudó y así nosotros también tenemos que ayudarle a llevar su mensaje de amor y perdón por este mundo porque Él también nos necesita.

Para muchos la Semana Santa es una época de experimentar el encuentro con Jesús que tanto necesitamos en nuestras vidas. Pero no nos damos cuenta de que no sólo se hace presente una vez al año a través de las distintas imágenes en la Semana Santa. Jesús nos dijo que se quedaría con nosotros en la Eucaristía. Así que ¿por qué esperar un año cuando podemos experimentar el encuentro con Jesús cada semana?


La Pasión de Cristo

En esta época de Semana Santa recordamos la Pasión, muerte y Resurrección de Cristo, y a través de las procesiones que recorren nuestras calles, las distintas Cofradías realizan una catequesis plástica sacando las imágenes de sus titulares a la calle para que todos recordemos lo que Jesús hizo por nosotros al morir en la cruz.

Cristo aceptó los planes de Dios de sufrir hasta el extremo porque sabía que era la única forma de que todos creyéramos en Él y podiéramos salvarnos. En los distintos pasos que procesionan vemos las imágenes de Cristo y María sufriendo y en sus rostros se refleja el dolor, la preocupación, la amargura, la desesperación, el abatimiento, la impotencia, el miedo, etc. y en ellos vemos muchas de nuestras experiencias en la vida. Por medio del sufrimiento de Jesús, Dios ha querido acercarse a nuestro sufrimiento. Ya Dios no es un Dios lejano; a través de su Hijo ha experimentado nuestro dolor y nos muestra el camino que tenemos que seguir cuando experimentemos estas sensaciones de dolor que vivimos con la cruz que tenemos cada día.

Jesús es el camino. Por eso cada vez que nos sintamos mal sólo tenemos que pensar en el testimonio que nos dejó: Él sufrió la muerte más dura y su madre el dolor más grande para una mujer: perder a su hijo. Los apóstoles, como nosotros muchas veces, pensaron que había fracasado y no comprendían la razón de tanto sufrimiento injusto. Sin embargo, con su Resurrección nos demostró que el sufrimiento nunca es en vano. Somos hijos de Dios y Él tiene un plan para cada uno de nosotros y al igual que pasó con la Resurrección de Cristo todo lo que nos pase es para nuestro bien aunque no lo entendamos, por eso tenemos que confiar en Dios.

Cristo antes de morir le dijo a Juan: "Ahí tienes a tu madre" y con él nos la dejó a todos nosotros. Por eso cuando vemos a la Virgen llorando y sufriendo en sus distintas advocaciones no sólo recordamos que llora por la muerte de su hijo sino por cada uno de nosotros y, como madre nuestra, está preocupada por nuestros problemas y porque seamos capaces de seguir el camino que Cristo nos marcó a través de su pasión, muerte y resurrección.

lunes, 4 de abril de 2011

Cómo cambiar nuestra vida para ser feliz

En estos tiempos que corren vivimos situaciones difíciles en las que hay gente sin empleo que vive situaciones insostenibles. A cada paso que uno da escucha a los comerciantes quejándose de que cada vez ganan menos dinero porque venden menos, a la gente a la que los bancos están empezando a quitarles sus casas porque no pueden pagar la hipoteca y, en general, parece que todo el mundo está más crispado y más amargado al ver reducidas sus posibilidades económicas.


Es muy difícil en estos momentos sentirse positivo y ver la vida con optimismo y es normal venirse abajo. Pero, sin embargo, es muy importante tener esperanza para poder mejorar nuestra situación y tener la actitud necesaria para afrontar lo que nos esté pasando. Muchas veces damos por hecho que esa situación que nos preocupa nunca va a cambiar y que no tiene solución porque hemos intentado que cambie y no lo hemos conseguido. Entonces simplemente queremos salir del problema a costa de lo que sea en vez de afrontarlo. Lo peor es que al perder la esperanza vamos contagiando nuestra preocupación, nuestro mal humor, nuestro cansancio... a las personas que nos rodean y sólo conseguimos tener un problema añadido: que se quejen de nuestra actitud y que se cree mal ambiente a nuestro alrededor.


Si queremos ser más felices tenemos que romper ese círculo y reconocer, en primer lugar, que tenemos un problema para afrontar lo que nos preocupa o nos amarga. Luego tenemos que contarle lo que nos pasa a alguien para desahogarnos y sacarlo de dentro. Nuestra felicidad no es algo aislado; está relacionada con la gente que nos rodea. Por eso tenemos que crear un ambiente positivo a nuestro alrededor. Cuando hayamos creado una actitud positiva dentro de nosostros seremos capaces de seguir unas pautas de comportamiento que pondremos en marcha cada vez que nos enfrentemos a esa situación.


Pero todo esto no se puede llevar a cabo sin la esperanza en que todo puede cambiar, siempre que seamos capaces de superar la debilidad, que nos hace creernos incapaces de afrontar las situaciones difíciles. No pasa nada por sentirnos débiles. Pero no debemos olvidar que no estamos solos. Tenemos con nosotros la presencia de Dios. Precisamente en esos momentos en los que parece que todo está perdido es cuando más cerca de nosotros está porque es cuando más lo buscamos. Cuando todo pasa es cuando te das cuenta de que Él no nos quiere ver hundidos sino felices y para eso tenemos que tocar fondo, y tomar nuestra cruz de cada día para resurgir con más fuerza.


Hay momentos en los que nos llenamos de luz, de sensaciones positivas, de felicidad, en los que sentimos la presencia de Dios dentro de nosostros. ¡Pero qué difícil es sentirlo a veces! Esa alegría y esa paz podemos sentirla siempre que queramos. Sólo hay que acercarse a Él con la necesidad y el deseo de sentir esa fuerza. Y lo podemos sentir de muchas maneras: a través de la comunión, sintiendo a Cristo dentro de nosotros, a través de la figura de un sacerdote al contagiarnos su optimismo y entusiasmo por Dios. También podemos sentir esa presencia dentro de nosotros cada vez que queramos sin necesidad de ir a misa, pero es la forma más tangible y cercana de relacionarnos con Dios que tenemos a nuestro alcance (a mí es la que mejor me funciona), aunque también podemos sentir a Dios hablando con Él siempre que lo necesitemos y pedirle que podamos sentir su presencia, también leyendo algún versículo de la Biblia o admirando una imagen escultórica de alguna hermandad, dejando que Él nos hable con su palabra o su imagen. Pero es importante saber que hay más personas que también sienten esa alegría que transforma la vida y que todos los que buscamos a Dios estamos unidos por ese sentimiento de entusiasmo y optimismo.


Muchas veces estamos ciegos y tenemos a Dios más cerca de lo que creemos pero las prisas y las preocupaciones no nos dejan verlo. Por eso tenemos que hacer una silencio interior y buscarlo con fe para llenarnos de esa fuerza que nos da la presencia de Dios y contagiarla a los que tenemos al lado y tomar nuestra cruz de cada día y transformarla en amor. El otro día observando la postura de las manos del Nazareno de Cádiz vi que no sólo llevaba la cruz, sino que la abrazaba con las dos manos con una actitud amorosa, transformando en amor por toda la humanidad el sufrimiento de su cruz. Así que sigamos su ejemplo y transformemos el sufrimiento que hay a nuestro alrededor y el nuestro propio en amor como hizo Él.




sábado, 19 de marzo de 2011

Solucionar los problemas de cada día

Muchas veces sentimos que algo va mal en nuestra vida, que no acabamos de controlar las situaciones que nos rodean y lo peor es que no sabemos cómo hacerlo. Sentimos ansiedad, estrés, frustración, amargura y ganas de evadirnos para tratar de aliviar las circunstancias que nos agobian o nos preocupan. Otras veces nos hacemos los fuertes y queremos tirar para delante porque no nos queda otro remedio pero en realidad no lo conseguimos y no sabemos muy bien por qué.
Lo primero es reconocer que tenemos un problema, aunque esto provoca aún más estrés y luego sobre todo pedir ayuda a los que nos rodean aunque éstos muchas veces están en el mismo círculo de nuestro problema y, o bien, no queremos agobiarles o simplemente no pueden ayudarnos.
Hay quien se obsesiona con algo para hacer la vida más llevadera, pero tampoco es solución porque al final terminamos más estresados al tener nuestra atención distraída en otra cosa y además al ser una obsesión crea ansiedad al hacerlo y más aún cuando no se puede hacer. Lo peor es que no lo vemos como una obsesión sino como la salvación para poder soportar el día a día, por lo que por mucho que nos digan no lo vamos a reconocer. Por desgracia, es sólo cuando llegamos a una situación límite cuando nos damos realmente cuenta de las consecuencias negativas de lo que estamos haciendo y es entonces cuando podemos afrontar lo que nos pasa, dejar a un lado lo que nos obsesiona y reconocer que no podemos solos y necesitamos ayuda. Muchas veces juzgamos a los demás por la actitud que tienen hacia nosotros cuando los vemos distraídos, estresados, obsesionados, etc. y creemos que no nos prestan atención y no les importamos pero muy pocas veces nos ponemos en su lugar e intentamos averiguar qué les pasa realmente para que estén así.
Todos tenemos que cargar con la cruz de cada día pero si queremos ser realmente felices no debemos hacerlo a cualquier precio, sino parándonos en seco y viendo cuál es el camino y cómo podemos conseguirlo, aunque a veces sea necesario que tropecemos y nos caigamos de boca para aprender.
Ahora estamos en Cuaresma, un tiempo de renovación y de cambio. Pidámosle a Dios que nos muestre el camino para que todos empecemos de cero en nuestra vida cambiando lo que no nos gusta y podamos ser realmente felices.


lunes, 7 de marzo de 2011

Una experiencia eucarística

Hace una semana fui a misa a una Iglesia distinta de la que suelo ir y viví la Eucaristía de una manera diferente.

Al entrar me llamó la atención que, aunque estaba llena, eran casi todos personas de avanzada edad excepto unos cuantos niños que estaban en la primera fila. Pero esto no es raro de encontrar en muchas iglesias hoy en día. Todo el mundo tenía una actitud seria manteniendo la compostura en todo momento antes de empezar la misa, lo que unido a la amplitud de la iglesia hacía que se respirara un aire de frialdad en el ambiente.

Cuando empezó la misa la gente empezó a cantar el canto de entrada de una hojilla con canciones muy antiguas, aunque lo peor no es que fueran antiguas sino la forma en la que eran cantadas, con una cadencia lenta y pesada, que hacía que parecieran más antiguas todavía.

El resto de la misa no estuvo mal, el sacerdote fue sencillo y cercano en la homilía aunque el Credo recitado por todos como un papagayo contribuía a la sensación de que estuviéramos allí para cumplir una obligación. Lo mejor eran los monaguillos, un niño y una niña, que ayudaban en la misa por primera vez, y que se les veía en la carita la inocencia y la ilusión por lo que estaban haciendo.

Respecto a los cantos y al ambiente, tal vez alguien pueda pensar que en una Eucaristía las canciones o la gente son lo de menos y puede que tengan razón. Pero no cabe duda de que te pueden influir y hacer que te sientas más o menos cómodo. Alguna persona mayor podría pensar: "En mis tiempos no había coros parroquiales y yo iba a misa todos los domingos cuando era joven". La Eucaristía es un encuentro con Dios pero también es un encuentro en comunidad y si no hay fraternidad entre la gente es una comunidad muerta. Es como visitar a un amigo y hacerlo en un ambiente en el que no estamos cómodos. No lo vives con la misma intensidad. Prefieres ir a verlo cuando esté solo, como hace mucha gente que vive su fe aisladamente, aunque lo ideal sería ir a verlo rodeado de gente en un ambiente en el que te sientas más cómodo, y sobre todo no ir a verlo porque te han obligado, porque entonces irás de mala gana.

No sé qué sentiría un joven al acudir allí a misa. Yo sólo cuento mi experiencia, pero la verdad es que no es atrayente para los jóvenes en absoluto empezando por el horario (las 11.00 de la mañana). No es culpa de nadie, simplemente la mayoría de los que van a misa son ancianos y adaptan la misa a su forma de ser. Sólo los jóvenes podrían cambiarlo, pero si alguno ha ido se puede haber sentido fuera de lugar. Es un círculo vicioso, que por desgracia se repite en muchas de iglesias. Pero, ¿qué pasará cuando vayan desapareciendo esas generaciones de personas mayores que tenían esa tradición de ir a la misa dominical?



sábado, 19 de febrero de 2011

"Hermano mayor"

Ha empezado una nueva temporada de "Hermano Mayor" en Cuatro; un programa que sucede a la Supernanny y que trata también de modificar la conducta de la gente con la ayuda de un agente externo: el conductor del programa, un campeón de natación que tuvo problemas con las drogas en su adolescencia y que superó más tarde. Él trata de ayudar a jóvenes con problemas de conducta y lo consigue en un 70% de los casos.
En dos de los programas que ya se han emitido aparecieron dos jóvenes muy agresivos que maltratan a sus padres física y psicológicamente. Es estremecedor el testimonio de los padres desesperados que acuden al programa porque ya no saben que hacer con sus hijos y por otro lado el ensañamiento con que sus hijos les insultan e incluso les pegan delante de las cámaras. El “Hermano mayor” empieza su tarea poniéndoles unos límites que no pueden sobrepasar si no quieren tener una consecuencia negativa, luego les hace vivir experiencias que les hagan meterse en la piel de sus padres, les pone en contacto con una psicóloga, que les aconseja qué deben hacer para cambiar de actitud, luego les cuenta su propia experiencia como joven conflictivo y finalmente les toca la fibra sensible haciéndoles recordar cómo era su relación con su madre/padre antes de tener enfrentamientos con él. Es increíble cómo al final consigue que se abracen a sus padres llorando con el propósito de cambiar su actitud.
Está claro que hay algo que está fallando con estos jóvenes. Lo peor es que no se trata de casos aislados y que cada vez hay más agresividad en este colectivo por no hablar de los casos extremos de asesinato como en el caso de Marta del Castillo en el que los presuntos asesinos aparecen ante las cámaras casi como ídolos para algunos jóvenes sin mostrar el más mínimo remordimiento por lo que han hecho.
La violencia nunca está justificada y debe tener un castigo, pero sería más productivo evitar llegar a estos extremos y analizar el motivo de su agresividad. En muchos casos de violencia hay un factor común que es la falta de límites por parte de sus padres. Otras veces es la incapacidad de hacer frente a la frustración motivada muchas veces por la actitud de unos padres protectores que le han dado a sus hijos todo lo que han querido incluso antes de ellos lo pidan. En el programa aparecía un chaval que había caído en las drogas a raíz de que su novia lo abandonara por otro. Decía que mientras estaba “colocado” se sentía bien y luego volvía a sentirse deprimido y amargado, por eso necesitaba volver a drogarse. Había otra chica que sufrió malos tratos de pequeña, incluso tenía quemaduras provocadas por su padre y que fue adoptada por una familia con la que también estaba teniendo problemas. Además en la adolescencia cambió de sexo y su madre adoptiva no la aceptaba, y cuando empezó a ser agresiva llegó a decirle que se arrepentía de haberla adoptado. Su padre siempre estaba ausente. Ella calmaba su frustración teniendo relaciones sexuales con otras chicas de forma compulsiva.
Cuando uno ve el programa le parece increíble cómo puede haber tanta agresividad y odio hacia sus propios padres. Pero conforme avanza el programa se van viendo las razones de su agresividad. En el fondo hay un profundo dolor que no saben afrontar y cuando llegan a su casa esperan que sus padres les escuchen, les comprendan, les apoyen y les orienten sobre cómo afrontar los problemas en la vida. Cuando ven que sus padres no sólo no les escuchan sino que les quieren quitar su modo de evasión, aumenta la rabia que sienten hacia sus padres y hacia sí mismos porque no están orgullosos de lo que hacen. Es verdad que los jóvenes no suelen hablar de sus cosas, por eso es importante crear un clima de confianza desde que son pequeños.
Es una pena que haya tantos jóvenes como éstos que no tengan algo a lo que agarrarse a la vida para poder superar las dificultades, sobre todo en estos tiempos en los que los padres trabajan los dos y notan esta ausencia de cariño y además hay pocas expectativas laborales y van perdiendo la esperanza en el futuro. Ojalá buscaran a Dios dentro de su corazón para poder encontrar la fuerza que necesitan y los recursos que aún no tienen por su falta de experiencia para sentirse seguros de sí mismos y sentir el optimismo y la esperanza necesarios para hacer frente a los problemas.

domingo, 13 de febrero de 2011

La Misión

El domingo vi en la televisión la película de la Misión y había dos o tres escenas que me hicieron reflexionar. En la película el padre Gabriel funda la misión de San Carlos en la que da refugio a los indígenas evitando que sean presa de los mercaderes de esclavos y los evangeliza pacíficamente. Más adelante se le une Rodrigo Mendoza, tratante de esclavos que acaba convirtiéndose en jesuita y ayudándole en la misión. Pero esta misión choca con los intereses de los mercaderes de esclavos que intentan boicotearla recurriendo a las autoridades eclesiásticas para que los eche de allí. Finalmente acude allí un alto cargo eclesiástico y les pide que abandonen la misión con la excusa de que ha llegado a sus oídos que los jesuitas allí tienen demasiado poder. Los portugueses que estaban colonizando a ese poblado de indígenas presionan al representante de la Iglesia para que obligue a los jesuitas a dejar de darle protección a los indígenas. Éste, tras una dura decisión porque sabía que la misión era una buena obra, acaba sucumbiendo a las presiones de los portugueses porque no podía romper los intereses institucionales que tenía con ellos.
Hay una escena en la que le dice a los indígenas que deben marcharse porque se lo ha dicho el Espíritu Santo y el jefe de los indígenas le pregunta que cómo lo sabe. Finalmente le dice a los jesuitas que si no abandonan la misión quedan excomulgados y ellos deciden quedarse con los indígenas.
En otra escena Rodrigo de Mendoza le pide al padre Gabriel que desea revocar su voto de obediencia y decide luchar contra los portugueses para defender los intereses de los indígenas. El padre Gabriel le dice que él no luchará porque no es coherente con la doctrina que le han enseñado a los indígenas de que Dios es amor.
Al final los dos mueren defendiendo a los indígenas, uno pacíficamente y el otro luchando.
Sería interesante ver cómo reaccionaríamos nosotros si nos viéramos en esta situación. Cuando algún miembro de la autoridad eclesiástica dicta una orden sin ninguna razón y de forma incomprensible uno se pregunta como el jefe de los indígenas: ¿cómo sabes que tu decisión la dicta el Espíritu Santo?
La actitud de Rodrigo de Mendoza cuando decide luchar contra los portugueses tal vez no sea la más correcta, pero al fin y al cabo luchó hasta el final por defender la misión que Dios les había encomendado. Pero lo que sí es cierto es que los dos estaban excomulgados cuando llevaron a cabo su lucha contra los portugueses y lo hicieron por libre a pesar suya. Al final el representante eclesiástico se arrepiente de lo que hizo, pero te queda un mal sabor de boca después de la matanza que se llevó a cabo y de que la historia acabe mal.
Muchas veces en la vida real pasan historias parecidas y sientes inevitablemente desconfianza hacia esa autoridad mal entendida de la Iglesia que te hace cuestionarte hasta tu fe o al menos a recibir los sacramentos de manos de los sacerdotes.
En mi último artículo yo decía que debemos fijarnos más en lo que nos acerca a "la Iglesia" que en lo que nos separa de ella y que deberíamos trabajar por cambiar las cosas teniendo como eje de nuestra vida a Cristo. La cuestión es si hacerlo por libre como el padre Gabriel y Rodrigo o perteneciendo a la Iglesia Institución. Muchas veces sentimos desconfianza hacia esa institución y dolor como en la película, en la que la Institución eclesiástica no dio la cara por ellos ante los portugueses y a la que ellos a su vez no pudieron defender frente al mundo porque no estaban de acuerdo con sus decisiones. Pero lo que sí es verdad es que, como en la película, todos tenemos una misión y hay mucha gente necesitada. Si los jesuitas se hubieran apartado de la Iglesia y hubieran abandonado la misión los indígenas hubieran muerto sintiéndose desamparados, pero murieron con la esperanza en Cristo al que el padre Gabriel llevaba en una Custodia formando una procesión en el momento de morir. Así que luchemos como los protagonistas de la película por llevar la esperanza que Jesucristo nos dejó a nosotros como seguidores suyos y miembros de la Iglesia.