sábado, 26 de octubre de 2013

La Eucaristía, una celebración festiva

Ya bien iniciado el curso, una vez pasado el verano, mi familia y yo hemos vuelto a acudir a la misa de los domingos. Y me gustaría compartir en este blog mi opinión sobre ella por si a alguien le pudiera servir de algo.
Lo primero es la actitud. Es una celebración a la que Jesús nos invita, por lo tanto debemos acudir sin ningún tipo de presión ni obligación, si no, perdería el sentido.
La Eucaristía es una celebración festiva en la que cantamos canciones con alegría, escuchamos lo que nuestro Padre tiene que decirnos en las Lecturas de la Biblia, le contamos nuestros errores y encontramos paz en su perdón, le damos gracias en el  Gloria, escuchamos los consejos del sacerdote para no desanimarnos y seguir adelante en la homilía, pedimos por los que lo necesitan  en las preces, hablamos con Dios en el Padrenuestro, nos ponemos en paz con nuestros hermanos, ayudamos económicamente en lo que podemos en las ofrendas, luego el sacerdote hace que el pan y el vino se conviertan en cuerpo y sangre de Cristo, para que cuando nos vayamos Él se quede con nosotros y disfrutamos de su presencia después de la comunión.
Y todo eso de manos del sacerdote, una persona que un día escuchó la llamada de Dios y comprendió que el proyecto de Dios era algo tan grande como para dejar a un lado su propia vida y ser un instrumento de Dios en este mundo.
Es muy importante la labor que hace la Iglesia para ayudar económicamente a tanta gente necesitada pero también lo es el apoyo espiritual para seguir adelante.
En esta sociedad en la que todo el mundo busca cosas que aporten bienestar en medio de tantas circunstancias adversas no estaría mal buscar en lo espiritual un sentido transcendente a nuestra vida que nos haga sentirnos más plenos y felices.

sábado, 5 de octubre de 2013

La Fe

La fe es un regalo de Dios que nos llega cuando lo buscamos. Pero a veces está condicionada por las circunstancias de la vida por las que vayamos atravesando en cada momento y por la actitud que tengamos a la hora de afrontarla.
La fe es creer que Dios está con nosotros y nos ama profundamente. Esto es algo que todos los que nos consideramos católicos sentimos en mayor o menor medida. Es como una llamita que llevamos en el corazón y que tenemos más o menos encendida a lo largo de nuestra vida. Podemos acercarnos a Él a través de los sacramentos y de la oración y tener momentos puntuales de contacto con Dios pero podemos sentir la frustración de saber que Dios es algo más, que es inaccesible para nosotros por nuestras limitaciones, a pesar de que nos esforcemos por comprenderlo.
Pero la fe con mayúsculas no es cuestión de esforzarse. Es sólo un regalo que Dios nos da. Muchas veces se nos presentan situaciones difíciles en nuestra vida  que al final resultan ser pruebas que Dios te pone para ver si tu fe era firme. Y como somos humanos, tenemos un límite y al final terminamos hundidos y lamentándonos de nuestra suerte, pensando que Dios está muy lejos de nosotros y aunque escucha nuestros problemas y nuestras súplicas nos pide cosas imposibles para nuestra débil condición humana.
Puede ser que nos acomodemos a esta situación hasta que un día Dios decide zarandearnos y entonces nos hace enfrentarnos a situaciones más complicadas todavía, y ahora ya no nos sentimos cómodos. Entonces tenemos dos opciones: o dejarnos morir y caer en una depresión o luchar con todas nuestras fuerzas por salir. Ya no valen medias tintas; hay que poner toda la carne en el asador y luchar con todas nuestras fuerzas por salir y para eso necesitamos dos cosas: sentir a Dios y tener una actitud positiva en la vida frente a las adversidades.
Entonces es cuando  buscas a Dios y experimentas cosas que no habías experimentado antes porque ahora estás más necesitado de Él y sientes alivio al sentir el amor de Dios. Cuando uno está realmente necesitado se agarra a un clavo ardiendo y si hay algo que puede aliviar tu sufrimiento te agarras a eso cada vez más  como María Magdalena o la samaritana que se encuentra con Jesús y le pide agua porque sabe que su sed sólo la puede saciar Él.
En ese encuentro con Jesús es cuando Él transforma tu vida y te ofrece el gran regalo de la Fe y descubres que ese Dios lejano que está ahí arriba escuchándote cuando acudes a Él en momentos concretos está contigo en cada momento de tu vida y te habla a través de la Biblia, de la oración de las homilías y te ayuda como un Padre cercano concediéndote todo lo que le pides con fe. Ya      esa llamita es más grande e ilumina tu vida y tu alma. Pasas de ver una misa o un texto bíblico como algo aburrido y que aunque te esfuerces por comprender no puedes abarcar su profundidad, a ver la Eucaristía como algo necesario para cargar las pilas en tu vida y la Biblia como un texto muy útil para guiarte cuando te sientas perdido en los momentos difíciles.
En esta vida siempre le andamos buscando una explicación a todo incluido al sufrimiento. A lo mejor no tenemos que estar buscando culpables sino, ya que no podemos borrarlo de nuestras vidas, sí podemos aceptar nuestra situación y aprovecharlo como un medio de acercarnos más a Dios y ser mejores personas, así le estaremos dando un sentido a ese sufrimiento y no habrá sido en vano.

martes, 4 de junio de 2013

La Iglesia en la sociedad actual II

Vivimos en una sociedad cada vez más castigada por la crisis. Pero lo peor no es la crisis económica sino el haber perdido la esperanza y la fe en que las cosas pueden cambiar. Esto nos hace bloquearnos y quedarnos de brazos cruzados.Y esto a su vez va creando en nosotros ansiedad o depresión, lo que hace que nuestros problemas aumenten y sea cada vez más difícil salir de este círculo.
Pero a pesar de lo adversas que puedan ser las circunstancias que nos rodean no podemos pensar que somos demasiado débiles para hacer nada. Pero tampoco que somos lo suficientemente fuertes para solucionarlo nosotros solos porque las circunstancias que nos rodean no dependen sólo de nosotros.Tenemos que tener confianza en nosotros mismos como seres valiosos y en Dios como Ser que,aunque no lo parezca, no es ajeno a los problemas de este mundo.
 Dios siempre ha estado al lado de los pobres y los débiles. Al principio se hizo presente en este mundo a través de Moisés, Abrahán y los profetas, pero los hombres terminaron viéndolo como un Dios castigador. Por eso hace más de dos mil años envió a su Hijo a uno de los pueblos más castigados del mundo por la miseria y las enfermedades. Y consiguió que tuvieran fe en Él porque creó en ellos la esperanza en un mundo mejor curando sus enfermedades aquí y ofreciéndoles plenitud y felicidad más allá de las cosas materiales y cotidianas. Pero cuando se fue de este mundo nos dijo: "Me voy con mi Padre que es vuestro Padre, me voy con mi Dios, que es vuestro Dios", sirviendo de puente entre Dios y los hombres.
Él fue la piedra angular de un gran edificio que es la Iglesia y que se ha ido formando a lo largo de la historia. Al principio los primeros cristianos iban contando su experiencia con Jesús. Pero cuando ya esa experiencia  era muy lejana y empezaba a perderse la fe pensaron que la mejor forma de conservar el legado de Jesús era obligando a la gente a cumplir obligaciones por miedo de nuevo a un Dios castigador.
Ahora los tiempos han cambiado y se ha perdido el miedo y con él los valores en general. Hay menos fe pero Dios en estos tiempos no es ajeno a nuestros problemas tampoco. Está enviando a este mundo a personas que nos hacen recordar de nuevo que Él no es un Dios castigador, sino un Padre que quiere y ayuda a los que tienen más problemas en este mundo. Dios está revelando de nuevo estas cosas como hizo a través de su hijo hace más de dos mil años al nuevo Papa Francisco, a una nueva generación de sacerdotes y a católicos comprometidos que vuelven a hablarnos de su experiencia personal de Dios, no de doctrinas y obligaciones.
Pero la sociedad no se ha dado cuenta. Todavía hay quien cree que a la Iglesia sólo  van las personas mayores por obligación, o la gente que va a celebrar bodas, bautizos, comuniones y entierros, o las cofradías que celebran cultos. Y que los miembros de grupos parroquiales o cofradías son personas hipócritas que sólo buscan protagonismo. Y que los sacerdotes sólo dan aburridos sermones echando la bronca a los que van a la Iglesia y sólo tratan de poner trabas a los que no suelen ir a misa.
En realidad, y bajo mi modesta opinión, es verdad que todavía queda algo de esto en la Iglesia, pero también es verdad que también hay un sector cada vez más fuerte que está haciendo lo que dijo Jesús en su tiempo a los discípulos, ir por el mundo contagiando la esperanza del Evangelio y curando a los enfermos de fe y esperanza de estos tiempos.
Ojalá que los sacerdotes y gente comprometida que ya están luchando no se desanimen al ver a esta gente que va a la Iglesia sólo por cumplir obligaciones o tradiciones y por otro lado, ojalá que todo el que lo esté pasando mal tenga la suerte de encontrarse con alguien que le ayude a descubrir que participar en la Iglesia  es una puerta que pueden abrir para encontrar un alivio a los grandes males de estos tiempos y vivir una fe más profunda que le  ayude a creer más en que todo va a cambiar en su vida y a creer más en sí mismos, por ejemplo a través de la oración en la Iglesia, a veces más barata y efectiva que una sesión de pilates y yoga, o de la Eucaristía, donde sentimos la fuerza para afrontar la semana y establecemos relaciones sociales compartiendo nuestra fe  con otras personas o leyendo el Evangelio donde Dios nos dice mensajes concretos para nuestra vida diaria.

domingo, 24 de marzo de 2013

El Papa Francisco y la Iglesia de Jesucristo

Se habla mucho estos días de la actitud del recién elegido Papa Francisco y es agradable ver la buena aceptación  de la gente en general, ya sean creyentes o no.
Creo que es una suerte para todos que Dios haya hecho posible la elección de este nuevo Papa. Su ejemplo es su mejor herramienta de evangelización. Con su humildad ha venido a decirnos que la Iglesia no es un colectivo cerrado que hay que proteger de la corrupción de este mundo; al contrario, ha venido a acercarse a los todos los hombres, sobre todo a los sectores más desfavorecidos de la sociedad y a demostrarles que la Iglesia está ahí para acercarles a un Dios y Padre que les quiere.

El Papa, al igual que otros representantes de la Iglesia como obispos, cardenales, sacerdotes o incluso seglares comprometidos miembros de comunidades o cofradías, tienen una gran responsabilidad de cara a todos aquellos que están alejados de la Iglesia. Su actitud personal en la vida, su ejemplo y sus palabras son su carta de presentación como embajadores de la Iglesia, y aunque no sean conscientes de ello, muchas veces de su actitud depende que la gente se aparte de la Iglesia o vuelva a Ella.

Me gusta el  Papa Francisco porque  con su gesto de  cercanía a los pobres y a los niños y su actitud de servicio nos está mostrando a Jesucristo, que vino a este mundo a traer su mensaje precisamente a los más necesitados.  Ojalá que mucha gente vea en él a la Iglesia como Institución creada por Jesucristo para darle en Dios nuestro Padre el sentido y la esperanza que este mundo tanto necesita.

lunes, 25 de febrero de 2013

Todo lo que nos pasa en la vida estaba previsto de antemano

Después de tantos meses sin publicar ningún artículo en este blog, lo hago ahora en plena Cuaresma. Y me gustaría hacerlo recordando el pasaje del Nuevo Testamento en el que María Magdalena descubre que Jesús ha resucitado. Cuando Jesús murió todos sus seguidores pensaban que estaban solos porque había muerto su líder y ya no tenían esperanza. Igual que ella hay muchas personas hoy en día que también pierden sus esperanzas cuando pasan por momentos difíciles en su vida. Pero María Magdalena, a diferencia de los apóstoles que estaban encerrados por miedo a la persecución, aunque sabía que Jesús había muerto tuvo fe y fue al sepulcro y al ver que su cuerpo ya no estaba allí se puso a llorar. Jesús se le apareció, pero ella no lo reconoció. Incluso lo confundió con un jardinero y le preguntó si Él se había llevado el cuerpo, pero Él la llamó por su nombre y le dio un mensaje antes de subir al cielo, y le encargó que se lo transmitiera a los apóstoles y a través de ellos a toda la humanidad. "Voy a subir a mi Padre, que es vuestro Padre; a mi Dios, que es vuestro Dios." Con estas sencillas palabras Jesús le dijo a María Magdalena que transmitiera el mensaje de que Dios es nuestro Padre, ese Padre con el que Él había tenido una relación tan estrecha durante su vida pública, y que ahora está siempre a nuestra disposición cada vez que lo necesitemos. Y que es nuestro Dios, ese Ser Supremo que tiene poder para crear un mundo, en el que todo sigue un orden minuciosamente organizado, desde lo más grande como la disposición de los astros hasta lo más pequeño, como el funcionamiento de las células, pasando por las leyes físicas que regulan este mundo y por supuesto los seres vivos, del que el Hombre el centro, porque Dios,además de Creador, es nuestro Padre. Nosotros al igual que los apóstoles, que aunque sabían lo que le iba a pasar a Jesús, cuando lo crucificaron tuvieron miedo, debemos ser como María Magdalena, que a pesar de todo fue a estar con Él, aunque al principio no lo veía llevada por el miedo o la falta de fe, pero después sintió la presencia de Jesús porque dejó a un lado el miedo y la desesperanza. Muchas veces podemos pensar, como le paso a los apóstoles, que las cosas no han salido bien y que no merece la pena seguir luchando, porque las circunstancias que rodean nuestra vida nos superan y no podemos luchar contra ellas, pero igual que le pasó a los apóstoles todo el sufrimiento estaba previsto de antemano. Ellos, aunque en ese momento no lo podían comprender, se dieron cuenta de que Dios tenía en sus planes todo lo que le ocurrió a Jesús. Así también, nosotros en los problemas de cada día podemos sentir que Dios se ha olvidado de nosotros, pero como le dijo a María Magdalena, Él es nuestro Padre y cada uno de nosotros somos el centro de su Creación, y Él es nuestro Dios, y no deja nada al azar, toda nuestra vida obedece a un plan que Él tiene para cada uno de nosotros y cada cosa ocurre a su debido tiempo. Por eso debemos acudir a Él para que nos ayude porque Él tiene el poder y porque es nuestro Padre y de quien podemos recibir más amor. Que en esta Cuaresma nos encontremos con Jesús como María Magdalena a través de la oración, la Eucaristía o viendo las imágenes de la Pasión en la calle, y podamos sentir que gracias a su Pasión y muerte tenemos a un Padre que nos quiere y a un Ser Todopoderoso que nos ayuda en nuestra vida diaria.

domingo, 3 de junio de 2012

La Iglesia y el IBI

Recientemente se ha iniciado un debate en la sociedad de la obligación o no de la Iglesia de pagar el IBI de las propiedades no dedicadas al culto.
Volvemos a ver la demagogia de los partidos de izquierda utilizando el anticlericalismo reinante en la sociedad para buscar apoyos  y  animar a la sociedad a relacionar la Iglesia con lo negativo y con el PP y a ellos como el partido del pueblo. Así presionan al PP a que se enfrente a la Iglesia, a sabiendas de que no va a  reclamarle el pago del IBI , ya que Cáritas está contribuyendo a ayudar a la gente necesitada. Es irónico porque  precisamente el PSOE no están al día en estos pagos y al menos en Cádiz la Junta de Andalucía debe mucho dinero. La Iglesia,por su parte, contribuye a esta asociación con la derecha, al no rechazar cualquier tipo de privilegio económico.
Es triste ver cómo una vez más se aprovecha cualquier circunstancia para aumentar el anticlericalismo en la sociedad movido por intereses políticos o para llamar la atención. Normalmente siempre que aparece la palabra Iglesia en los medios de comunicación va asociada a algo negativo. Todo esto hace que muchas personas relacionen la palabra  "Iglesia" a  la jerarquía que se alió al franquismo, a la represión del colegio religioso donde estudió, a las monjas que robaban bebés,  a los lujos del Vaticano, a los curas pederastas, a la jerarquía que propone normas impopulares como la prohibición de matrimonios homosexuales, el divorcio, los anticonceptivos y el sexo antes del matrimonio. O también como a un lugar donde se reúnen personas mayores  a cumplir con aburridas tradiciones propias de otra época. Para otros la Iglesia es la que pone estrictas condiciones  a los que no son practicantes y acuden a ella a recibir los sacramentos o a pertenecer a las cofradías, y ahora también es esa clase privilegiada que todavía tiene concordatos con el Estado y no tiene obligación de pagar el IBI.
Pero la Iglesia no es sólo eso. Es verdad que la Jerarquía eclesiástica es el sector de la Iglesia más influyente y con más poder y eco en los medios de comunicación de la sociedad, pero no son el único. ¿Qué hay de tantas comunidades parroquiales en las que párrocos, catequistas y miembros de cáritas luchan cada día por ayudar a los demás?
Durante muchos años se ha asociado a la Iglesia con el Estado. Recuerdo que cuando estudiaba Historia en el colegio, en los libros representaban a la sociedad de la Edad Media en una pirámide que representaba los tres estamentos: arriba la nobleza, en el centro el clero y abajo el estado llano. Pero seguro que había muchas congregaciones de humildes frailes o sacerdotes que estaban con el pueblo en la época medieval. Igual que en la época franquista también habría muchos curas que no estarían de acuerdo con el apoyo de la Iglesia al Régimen y ayudaban en secreto a las víctimas del franquismo. Igual que hoy, que también hay muchos religiosos, religiosas, sacerdotes y laicos preocupados por la grave situación que está atravesando el país en este momento y que tratan de llevar el mensaje de Cristo y la esperanza al mundo. También hay muchas personas que trabajan desinteresadamente en Cáritas y otras organizaciones benéficas, que están desempeñando un papel tan importante en estos momentos.
Con respecto a la opinión que tiene la gente de la Iglesia, yo creo que, la Jerarquía lo hará de manera más o menos acertada a la hora de prohibir o imponer normas, pero lo que sí es cierto es que cada vez hay más divorcios (bueno, ahora es menos rentable con la crisis), y que hay una pérdida de valores en la que el dinero y el sexo para la satisfacción personal están por encima de los demás y que en ese sentido sí que tienen algo que decirle a la sociedad, adaptándose a los tiempos por supuesto. Respecto a las personas mayores que van a misa por cumplir una tradición, en realidad no tienen culpa de la educación cristiana que han recibido, y en cuanto a los abusos que han cometido algunos religiosos, han sido personas aisladas y en todo caso, una minoría. A los curas y monjas del franquismo que ejercían de profesores, habría que contextualizar su represión en la época que vivían. Respecto a los sacerdotes intransigentes para los que se acercan a recibir sacramentos, es verdad que deberían ser más condescendientes, pero también es verdad que hay gente que cree que los curas están ahí sólo para celebrar bautizos, comuniones y bodas y no entienden (quizá porque nadie se lo ha sabido explicar) el sentido profundo que éstos tienen en el camino de la vida de un cristiano. En cuanto al acuerdo Iglesia- Estado, en la que ésta no tiene que pagar el IBI, creo que es una reminiscencia del pasado y que ya es hora de que la Jerarquía se desvincule del Estado y vaya bajando poco a poco de la pirámide de la Edad Media y pase a ser la Iglesia de los primeros cristianos, la del Estado llano, aunque en realidad, la Jerarquía no deja de se una minoría dentro de la Iglesia, con la que muchos cristianos practicantes en algunos aspectos no se sienten identificados. Lo que está claro es que para que el mensaje de Jesús se haya extendido durante más de dos mil años ha necesitado de muchas personas que han sabido transmitir el amor de Dios con su palabra y su ejemplo, que es lo que de verdad hace que la gente siga creyendo ahora y en el futuro.


miércoles, 23 de mayo de 2012

Motivación en nuestra vida diaria

Muchas veces en el largo y difícil camino de la vida nos sentimos frustrados porque después de esforzarnos en los quehaceres diarios no obtenemos el resultado deseado y eso va haciendo que no sólo no nos sintamos realizados sino que además nos vayamos "quemando" poco a poco y que se haga más pesado el día a día y nos sintamos menos felices.
Pero no nos damos cuenta del valor que tienen nuestras acciones. Vivimos en una sociedad en la que no estamos acostumbrados a dar las gracias o a reconocer las cosas buenas de las personas con las que nos vamos encontrando cada día. Solemos fijarnos en ellas cuando esas personas ya no están en este mundo pero ya es demasiado tarde para decírselo.
En realidad todos tenemos una gran responsabilidad cada día de nuestra vida, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, pero no somos conscientes de la gran influencia que tenemos sobre los que nos rodean. Pequeños gestos como una sonrisa o una mala contestación pueden alegrar o arruinar el día a la persona que tenemos al lado, pero como no nos agradecen lo que hacemos por ellos podemos pensar que no valoran nuestra buena disposición hacia ellos, pero en realidad sí nos valoran aunque no nos lo digan. Además les estamos transmitiendo valores con nuestra actitud como solidaridad, amor, empatía, etc.
Todos, pero sobre todo padres, profesores, catequistas y todas las personas que trabajan la conducta de otras personas, pueden sentirse frustrados por no conseguir lo que esperan de sus hijos, alumnos... Pero seguro que  la vida de estos hijos, alumnos, etc. en mayor o menor medida está marcada por la influencia que tuvieron sobre ellos sus educadores. Seguro que todos recordamos con cariño a algún profesor, un abuelo, un catequista, etc. y unidos a ellos los valores que nos enseñaron, aunque tal vez nunca les dimos las gracias por lo que hicieron por nosotros. Y es probable también que ellos no fueran conscientes de la gran influencia que tuvieron sobre nuestra personalidad. Pero si nos acordamos de ellos no es por casualidad sino por el cariño y la ilusión que pusieron cuando estaban con nosotros. Por eso es más importante de lo que creemos, sobre todo para los padres y educadores que no caigan en la monotonía y aporten todos los valores que han ido aprendiendo durante su vida. Sólo así construiremos entre todos un mundo mejor.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Pentecostés y la fuerza de Dios

El próximo 27  de mayo los cristianos celebramos que el Espíritu Santo les infundió su fuerza y valor a los apóstoles y a la Virgen María cuando estaban asustados después de la muerte de Jesús.
Todos sus seguidores lo querían muchísimo y estaban dispuestos a hacer cualquier cosa por Él, pero después de que Jesucristo fuera crucificado, sus discípulos tenían miedo de correr su misma suerte, por eso, se encerraron escondiéndose de los que pudieran perseguirlos para matarlos, hasta  que vino sobre ellos el Espíritu Santo que les infundió la fuerza para continuar la misión de Jesús de ir por el mundo predicando el Evangelio y curando a los enfermos. Este hecho se representa a menudo gráficamente con una llamita de fuego que representa la presencia del Espíritu Santo sobre quienes lo reciben.
Todos tenemos fe en Dios pero según los momentos de la vida que vayamos atravesando y las distintas pruebas que tenemos que superar, nuestra fe está más o menos fuerte. Lo importante es tener una actitud de buscar siempre a Dios, aunque nos vayan las cosas mal y hayamos perdido la esperanza, porque Él siempre está con nosotros aunque nuestro miedo, como los discípulos, muchas veces no nos dejen verlo. En esos momentos tenemos dos opciones: pensar que Dios pasa de nosotros y enfadarnos con Él o hablar con Él, pidiéndole que nos ayude a saber qué camino tenemos que seguir, aceptando su voluntad confiadamente como algo bueno para nosotros aunque no lo entendamos y sobre todo, pidiéndole que nos dé fuerzas para poder llevar la cruz de cada día que tenemos cada uno de nosotros.
Los discípulos de Jesús, igual que nosotros en algún momento de nuestra vida, habían perdido la esperanza en el proyecto que su Maestro les había encomendado, pero hablaron con Dios para que les ayudara y Él les envió el Espíritu Santo. Así, esa llamita tan pequeña que representa la fe, pasó  a ser tan grande que hizo que Ellos extendieran el mensaje de Jesús incluso más de dos mil años después. Y eso ocurrió porque los discípulos se dieron cuenta de que el Maestro al que ellos seguían, el Hijo de Dios, había muerto, pero a pesar de eso, no estaban solos, porque Dios se había llevado a su Hijo, pero les había dejado su Espíritu, para que cuando ellos lo invocaran pudieran sentir la presencia de Dios y sentir cómo aumentaba su fe en el mensaje y el proyecto de Dios.
Igual que con ellos ha ido haciendo Dios durante todo este tiempo con muchas personas, consagradas o no, para ir extendiendo su mensaje hasta nuestros días, infundiendo el Espíritu Santo sobre ellos para que aumente su fe y la transmitan a los demás. Ahora le toca a esta generación abrir su corazón a Dios para que Él nos siga regalando el don de la fe y sigamos extendiendo a las generaciones futuras su mensaje, que no es otra cosa que amarnos unos a otros y vivir una vida más plena y feliz.

sábado, 7 de abril de 2012

La Esperanza y la Resurrección

Vivimos unos momentos difíciles en nuestra sociedad en los que muchas familias tienen a muchos de sus miembros en paro y van saliendo adelante como pueden. Pero lo peor es la sensación de incertidumbre ante esta situación de crisis económica, sobre todo para los más jóvenes que ven tambalearse sus esperanzas de futuro.
El ser humano no está preparado para soportar este estado de incertidumbre durante mucho tiempo, por eso reaccionamos con miedo, ansiedad, preocupación o desesperación. Pero eso es algo normal que va unido a nuestra naturaleza humana. El propio Jesucristo sintió esto también cuando tuvo que afrontar su pasión y su muerte y nos dijo qué teníamos que hacer cuando nos pasara esto. Primero, le dijo, en la Oración en el Huerto de los olivos, a los discípulos que rezaran, que muchas veces el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil, incluso para Él que era el Hijo de Dios. Luego nos enseñó cómo teníamos que hacerlo cuando pasáramos por una situación difícil como la suya. Al principio sintió miedo de afrontar la situación que se le venía encima y le pidió a Dios que apartara de su vida ese sufrimiento, pero luego terminó aceptándolo si esa era la voluntad de Dios. De esta forma nos enseñó que con la ayuda de la oración podemos hacer frente a las adversidades.
En esta Semana Santa que acaba de terminar hemos visto a Jesucristo sufrir mucho en su Pasión porque sabía que era lo que tenía que hacer y que esa era la voluntad de Dios. En realidad todos sabemos qué es lo que debemos hacer en nuestra vida, pero muchas veces no tenemos el valor porque hemos perdido la esperanza de que ese problema tenga solución.
Muchas veces los cofrades nos centramos demasiado en el sufrimiento de Jesús a través de los distintos misterios que recorren nuestras calles en Semana Santa. Sin embargo, Él en su Pasión, cuando iba camino del Calvario, veía a la gente que lo miraba llorando al verlo sufrir injustamente y les decía que no lloraran por Él, que llorásemos por nosotros, porque todos de alguna u otra forma tenemos que cargar con una cruz en nuestro camino por la vida. A veces al mirar una imagen de un Cristo cargando con su cruz o una Virgen dolorosa, cuando pasan a nuestro lado en los distintos cortejos procesionales, en ese momento mágico en el que su mirada se encuentra con la nuestra, me transmiten ese dolor de Padre y Madre preocupados por nosotros, por nuestros problemas y por nuestra forma de afrontar nuestros sufrimientos particulares, mostrándonos que Ellos nos acompañan durante toda nuestra vida y que están deseando que no nos rindamos y luchemos con fuerza para seguir adelante.
Pero Jesús no vino a este mundo sólo para que lo crucificaran, y mostrarnos su amor de esa manera, sino también para mostrarse como el camino que tenemos que seguir en nuestra vida, si no, su sufrimiento no habría servido de nada. Somos nosotros los que tenemos que darle sentido a su sufrimiento tomando ejemplo de todo lo que Él nos dijo e hizo cuando estuvo en este mundo. Por eso es tan importante el Evangelio, porque en Él se recoge su mensaje.
Y no podemos olvidar su Resurrección, sin la que el cristianismo no tendría sentido. Si Jesús no hubiera resucitado habría sido un profeta más que vino a traer esperanza a la gente desfavorecida de su época. Pero al resucitar vino a decirle a toda la generación incrédula de su tiempo y de todos los tiempos que su mensaje no es una invención a la que nos aferramos los creyentes para hacer esta vida más llevadera, sino que de verdad existió un hombre hace más de dos mil años que fue crucificado y cuyo cuerpo desapareció de su tumba. Y este hecho ratifica todo su mensaje y confirma la existencia de Dios, dándole sentido a nuestra fe y haciéndonos partícipes de la alegría de la Resurrección. Por eso con su ejemplo Jesús vino a decirnos que, aunque el camino de nuestra vida sea difícil, como las distintas situaciones derivadas de la incertidumbre económica que estamos padeciendo, siempre debemos levantarnos y luchar con la esperanza de que al final todo va salir bien porque Dios tiene un plan para cada uno de nosotros y nunca nos deja abandonados a nuestra suerte, aunque a veces no entendamos sus planes.

lunes, 19 de marzo de 2012

El sacerdote en el mundo de hoy

Hoy, 19 de marzo, la Iglesia celebra el día del Seminario en la Diócesis de Cádiz y Ceuta. Llama la atención cómo se mantiene e incluso aumenta el número de hombres que son ordenados sacerdotes, teniendo en cuenta que vivimos en un mundo en el que tienen mucha importancia el dinero, el sexo o el rechazo a obedecer normas, y, sin embargo, los sacerdotes renuncian a ellos al hacer sus votos de castidad, pobreza y obediencia.

Estoy segura de que el tener un trabajo fijo no ha sido una motivación para haber elegido esta opción (y espero que nunca lo sea), sino el profundo amor a Dios que deben sentir y, que tomando el ejemplo de Jesús, quieran extender el Evangelio por el mundo.

En Semana Santa recordamos cómo Jesús, sabiendo el sufrimiento que le esperaba, amó a Dios sobre todas las cosas, por encima de la tentación de llevar una vida cómoda o incluso por encima del miedo al dolor y a la muerte, siguiendo así los planes de Dios y en beneficio de todos los hombres, convirtiéndose en el camino que todos tenemos que seguir.

Igual que Él, el sacerdote es el pastor que camina junto con sus ovejas por ese camino marcado por Jesucristo, y como Él, entregan su vida, no como la podamos entregar cualquiera de nosotros en algún momento o en algún aspecto de nuestra vida, sino de una forma total, absoluta y confiada a pesar de no tener una recompensa asegurada.

Los sacerdotes, a veces cometen errores y es posible que en ocasiones sean los causantes de que haya personas que se aparten de la Iglesia, pero también guían a las ovejas por el buen camino cuando nos hablan de cómo ellos han experimentado el amor de Dios, que les lleva luego a sentir a los demás como hermanos, y de cómo ese amor nos lleva a ser positivos. También cuando nos invitan a acercarnos con fe a la Eucaristía y a leer la Biblia para darnos fuerza y mantenernos firmes ante las dificultades y nos hablan de cuáles deben ser las prioridades en la vida para ser plenamente felices y además son coherentes en su vida personal dándole autoridad y validez a sus palabras.

Este año, que es el Año de la Fe y de la Nueva Evangelización nos invitan, como le dijo Jesús a Nicodemo, a nacer de nuevo o nacer del Espíritu, olvidándonos de todo lo que hemos visto y aprendido y a descubrir a Jesús con nuestros propios ojos, desde nuestra propia experiencia, y como los sacerdotes, dejarnos llevar a donde Él quiera aceptando su voluntad y poniéndonos a su disposición, que al fin y al cabo es lo que hicieron los seguidores de Jesús cuando Él murió, y recibieron el Espíritu Santo. Así que esperemos que haya más vocaciones sacerdotales para que nunca falten buenos sacerdotes en este mundo que tanto los necesita.