sábado, 17 de diciembre de 2011

Hay lugar para la esperanza

El artículo que presento a continuación aparece en el Boletín del Movimiento Familiar Cristiano de la Diócesis de Cádiz y Ceuta. Lo he incluido en mi Blog porque habla del trabajo que hacen las personas que forman parte de la Iglesia y que pocas veces sale a la luz porque no son noticia; desde fuera de la Iglesia, porque vende más la crítica y el escándalo y, desde dentro, porque el derrotismo de muchas personas en la Iglesia, no contribuye a proyectar la imagen de la Iglesia como institución que está al servicio de la sociedad. Un ejemplo de esto son estas personas que están al frente del Movimiento Familiar Cristiano, autores de este artículo:

¡HAY LUGAR PARA LA ESPERANZA!

En un mundo desencantado, los cristianos tenemos que hacernos notar.
Las familias necesitan ver un horizonte de esperanza, que les ayude a caminar hacia una mejor convivencia. Y es ahí donde el MFC debe estar presente para tender una mano amiga.

El cristiano, que es una persona sometida a los vaivenes del mundo y que sufre las mismas carencias que los demás, se ha de distinguir porque no se apoya en los bienes materiales, en la suerte o en su valía personal. El cristiano fundamenta sus seguridades en Jesucristo:”Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin de mundo” (Mt 28,20 ). Esta seguridad no es una utopía, ni una alienación; es un convencimiento que tenemos que transmitir a los que nos rodean, y este convencimiento no es compatible con el desencanto y menos con el fatalismo, que es una falta de fe y un desprecio al esfuerzo que están haciendo muchas personas dentro y fuera de la Iglesia.

Con esa esperanza ha asumido este equipo la presidencia del MFC. Sabemos que hay gente muy comprometida, que luchan por mejorar las condiciones de vida y defender la dignidad de las personas, en una sociedad que cambia a pasos agigantados. Sabemos de la solidaridad y el compromiso con los más necesitados, y estamos aquí para trabajar junto a estas personas y transmitirles que, desde el MFC, también se puede avanzar hacia una sociedad más abierta y más justa, haciendo vida el Evangelio y nuestro Ideario, que nos compromete y nos marca el camino.

A veces, los que no conocen el MFC, nos tachan de inoperantes o de no estar implicados en la misión de la Iglesia en el mundo; y quizás tengamos parte de culpa en ello por no saber mostrar (vender) nuestras implicaciones y nuestro compromiso con un mundo necesitado de comprensión y de estímulos. Somos pocos, pero con suficiente preparación y ganas de trabajar; y hemos de saber transmitir nuestro convencimiento de que en comunidad podemos vivir mejor la fe y afrontar los problemas que se presentan cada día a las familias. Para ello no tenemos que renunciar a ningunas convicciones, ni principios, sólo estar abiertos a las necesidades de una sociedad con nuevos retos y disyuntivas.

Nuestro trabajo personal y de equipo ha de ser un trampolín para implicarnos en la ayuda a la familia. Esto requiere una disponibilidad y un empeño en derribar muros y apartar prejuicios, y centrarnos en lo que las familias necesitan.

Hay un trabajo ilusionante y urgente. Cuanto más personas seamos y más unidos estemos, más fuerza tendremos y más se nos podrá tener en cuenta.
Que es estas fechas de ilusión y esperanza sirvan para encender en nosotros el fuego del amor que Jesús viene a traer al mundo.

EL EQUIPO DE PRESIDENCIA DIOCESANO

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